Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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La mujer, a continuación, se retiró.
Hércules Poirot procedió a leer la misiva.
El servicio de información del señor Goby para el extranjero funcionaba con idéntica perfección que el que se ocupaba de los asuntos nacionales. Eli hombre no reparaba en gastos y llegaba a obtener resultados francamente satisfactorios.
Bueno, en aquel caso, los resultados no ascendían a mucho... Poirot tampoco se había hecho ilusiones.
Olga Seminoff no había regresado a su ciudad natal. No quedaba ningún miembro de la familia con vida. Había tenido allí una amiga, una señora ya entrada en años, con la que se carteara de cuando en cuando y a la que había facilitado detalles referentes a su existencia en Inglaterra...
Las últimas cartas recibidas de Olga llevaban fechas correspondientes a un año y medio atrás, aproximadamente. Había sido mencionado en ellas un joven... Había sido apuntada la posibilidad del matrimonio. Pero, según explicaba ella, el joven en cuestión, cuyo nombre no llegó a mencionar, tenía que abrirse camino todavía y nada podía concretarse aún. En su última carta decía, contenta, que sus perspectivas personales no podían ser mejores. Al dejar de recibir aquellas cartas, la amiga de Olga supuso que ésta se había casado, cambiando de dirección. Eran cosas que ocurrían frecuente-mente cuando las muchachas emigraban a Inglaterra. Si eran felices en su nuevo estado no volvían a escribir.
Poirot pensó que todo aquello venía muy bien a cuanto imaginara. Lesley había hablado de matrimonio, pero, probablemente, no había sido sincero. La señora Llewellyn-Smythe fue calificada de «generosa». A Lesley le había dado dinero alguien. Olga quizás (el dinero procedería de la anciana), para convencerle de que debía realizar la falsificación que tanto le beneficiaba.
Elspeth Mackay salió a la terraza de nuevo. Poirot la consultó con respecto a sus suposiciones sobre una posible asociación entre Olga y Lesley.
Ella reflexionó unos momentos antes de contestar.
-De haber sido así fueron muy discretos. No circularon ni los más leves rumores sobre esos dos. Lo habitual en un sitio como éste es que se hable con cualquier motivo, con el menor pretexto.
-El joven Ferrier estaba ligado a una mujer casada por culpables lazos. Probablemente, indicó a la chica que no debía hablar de él ante su señora.
-Es bastante probable, sí. Seguramente, la señora Llewellyn-Smythe sabía que el tal Lesley Ferrier era una mala pieza. En seguida habría puesto en guardia a la chica, para que no se relacionara con él.

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