Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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¿Me aconsejaría usted que confiara en ellos?
-Yo diría que esos dos muchachos son dignos de confianza. Tal es mi sincera opinión. Los dos son muy superficiales, pero se muestran así en las cosas de la vida que carecen de importancia. Fundamentalmente, están bien formados. Son chicos sanos como una manzana... sin gusanos.
-De una manera u otra, siempre acabamos volviendo a las manzanas -comentó Hércules Poirot, entristecido-. Tengo que irme ahora. Mi coche espera. Todavía he de hacer otra gestión.


CAPITULO XXIII
1
-¿Se ha enterado usted de lo que ocurre ahora en Quarry House, en sus jardines? -preguntó la señora Cartwright, colocando en su cesta de la compra dos grandes paquetes.
-¿Se refiere usted a la zona denominada Quarry Wood? -inquirió Elspeth Mackay, a quien se estaba dirigiendo la señora Cartwright-. Pues no... No me he enterado de nada en particular.
Elspeth seleccionó un paquete de cereales. Las dos mujeres habían entrado en aquel supermercado, abierto recientemente, para hacer sus compras de la mañana.
-Se afirma que los árboles del lugar son peligrosos. Hoy llegaron dos especialistas, dos de esos hombres que trabajan con los ingenieros de montes. En una ladera de mucha inclinación hay un árbol a punto de caer al suelo. Bueno, estas cosas no son raras en tales sitios. Uno de los árboles de Quarry Wood fue alcanzado por un rayo el invierno pasado... El caso es que los hombres están poniendo al aire las raíces de los árboles en cuestión. Una lástima. Aquello va a quedar de cualquier modo.
-Me imagino que esos dos individuos sabrán lo que se traen entre manos -manifestó Elspeth Mackay-. Tendrán quiénes les manden, sus superiores...
-Por las inmediaciones anda también una pareja de policías, manteniendo a la gente a raya, procurando que no se acerque demasiado a donde no debe... Se habla de averiguar qué fue lo que afectó a los árboles primero.
-Ya -repuso, lacónica, Elspeth Mackay.
-Probablemente, comprendía el alcance de las palabras que acababa de escuchar. No era que alguien le hubiese explicado su significado anteriormente. Pocas veces necesitaba Elspeth que le dieran explicaciones.
2
Ariadne Oliver desplegó el telegrama que acababa de serle entregado en la puerta. Estaba tan habituada a tomar sus telegramas por teléfono, mientras buscaba desesperadamente a su alrededor un lápiz para tomar nota, al tiempo que insistía firmemente en que debía serle enviada una copia confirmatoria, que se sobresaltó al hacerse cargo de lo que estimaba un despacho telegráfico «de verdad».

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