Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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De pronto, la mujer se detuvo, diciendo: «Alguien nos está espiando.» Levantó la vista hacia el árbol en que yo me hallaba. El hombre se limitó a responder: «¡Bah! ¡Tonterías!» Entonces, siguieron su camino. Yo vi rastros de sangre en una bufanda y también un cuchillo ensangrentado... Pensé que alguien podía haber intentado dar muerte a aquella gente... A todo esto, no me atrevía a hacer el menor movimiento.
-¿Porque tenías miedo...?
-Sí, pero sin saber por qué.
-¿No le referiste aquello a tu madre?
-No. Me dije que tal vez estuviese feo que yo me escondiera allí para observar lo que hacían los demás. Como al día siguiente no oí a nadie comentar ningún accidente, me olvidé de todo. No volví a pensar en eso hasta...
La chiquilla calló de repente. El condestable jefe despegó los labios, pero no articuló ningún sonido. Miró a Poirot haciendo un gesto apenas perceptible.
-Bien, Miranda... ¿Hasta cuándo?
-Fue como si todo se repitiera. Esta vez fue un verde picamaderos... Yo estaba inmóvil observándolo, metida en unos frondosos matorrales. Y aquellos dos estaban sentados tranquilamente, charlando... Hablaban de una isla, de una isla griega... Ella dijo unas palabras semejantes a éstas: «El contrato está firmado. Es nuestra. Podemos trasladarnos allí cuando se nos antoje. Pero será mejor que procedamos con calma... Es necesario que se hagan las cosas sin la menor precipitación».
El picamaderos desapareció y yo hice un movimiento. La mujer dijo entonces: "¡Silencio! No digas nada ahora. Alguien nos está observando". A mí me pareció que repetía las frases del episodio anterior. Vi la misma mirada en sus ojos. Y tuve miedo. Me acordé de lo otro como si hubiese acabado de vivirlo... Y ahora ya supe el significado de todo. Supe que había presenciado un crimen y que ellos habían sido portadores de un cadáver, con la intención de esconderlo en alguna parte de los jardines. Ya no era tan chiquilla como antes. Había aprendido muchas cosas y lo que éstas revelaban... Pensé en la sangre, en el cuchillo, en el cuerpo lacio, desmadejado, sin vida...
-¿Cuándo ocurrió todo eso? -inquirió el condestable jefe. Miranda reflexionó un momento.
-En el mes de marzo pasado... Poco después de la Pascua de Resurrección.
-¿Podrías decirnos quiénes eran aquellas dos personas, Miranda?
-Naturalmente que puedo.
La chica pareció ahora un tanto desconcertada.
-¿Llegaste a ver sus caras?
-Desde luego.
-¿Quiénes eran?
-La señora Drake y Michael.

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