Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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No hubo ninguna inflexión dramática en la denuncia. La voz de la niña sonó natural. Era la de una persona segura de lo que decía. El condestable jefe dijo:
-No confiaste a nadie lo que habías visto. ¿Por qué procediste así?
-Pensé... pensé que eso podía ser un sacrificio.
-¿Quién te indicó tal cosa?
-Me lo dijo Michael... Él decía que los sacrificios eran necesarios. Poirot inquirió suavemente.
-¿Querías tú a Michael?
-¡Oh, sí! -exclamó Miranda-. Le quería mucho.


CAPITULO XXVII
-Bueno, ahora que he conseguido, por fin, que se presente aquí -manifestó la señora Oliver-, quiero saberlo todo acerca de... todo. Miró a Hércules Poirot severamente, inquiriendo:
-¿Por qué no vino usted antes?
-He de pedirle que me excuse, madame... Estuve muy ocupado, ayudando a la policía en sus investigaciones.
-Fueron unos criminales los que planearon eso. ¿Qué demonios le hizo pensar en la posibilidad de que Rowena Drake pudiese andar mezclada en un crimen? A nadie que no fuera usted podía ocurrírsele semejante idea.
-Todo fue muy sencillo en cuanto logré la pista vital.
-¿Y a qué llama usted la pista vital?
-La pista vital era el agua. Yo necesitaba conocer a alguna persona de las participantes en la reunión que se viese mojada. El asesino de Joyce Reynolds, necesariamente, tuvo que mojarse. Pruebe usted a mantener la cabeza de una chica fuerte bajo el agua contenida en un cubo lleno hasta el borde... Se produciría, indudablemente un forcejeo, un chapoteo inevitable. Lo más curioso es que usted no saliese del empeño con las ropas mojadas.
»En consecuencia, era preciso hacerse de una explicación inocente, que justificase la mojadura. Cuando todo el mundo se hallaba metido en el comedor para la sesión del «Snapdragon», la señora Drake se llevó a Joyce a la biblioteca. Cuando el anfitrión solicita ser acompañado por el huésped, lo lógico es que éste obedezca sin rechistar. Ciertamente, Joyce no recelaba nada desagradable de la señora Drake. Todo lo que Miranda le había dicho era que en una ocasión había presenciado un crimen. Joyce fue asesinada y la persona agresora se mojó el vestido. Había que presentar una causa y ella se dispuso a inventarla. Necesitaba un testigo, alguien que dijera cómo se había mojado el vestido.
La señora Drake se detuvo en el descansillo de la escalera, siendo portadora entonces de un enorme jarrón de flores lleno de agua. En determinado momento, la señorita Whittaker salió del cuarto en que se estaba haciendo lo del «Snapdragon».

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