Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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.. Hacía mucho calor allí dentro. La señora Drake, fingiendo un torpe movimiento, soltó el jarrón, poniendo buen cuidado en que el agua se vertiese sobre sus ropas. El recipiente se hizo añicos, sobre el pavimento del vestíbulo. La señora Drake bajó corriendo los últimos peldaños de la escalera y la señorita Whittaker le ayudó a recoger los fragmentos y las flores. A todo esto, la señora Drake no cesó de proferir lamentaciones, por la pérdida de su precioso jarrón. Se las arregló para dar a la señorita Whittaker la impresión de que había visto salir a alguien de la biblioteca, la habitación en que había sido cometido un crimen. Su oyente aceptó como digna de crédito por completo su declaración. Sin embargo, al poner el episodio en conocimiento de la señorita Emilyn, ésta descubrió en qué radicaba exactamente el interés del incidente. Entonces, apremió a la señorita Whittaker para que me lo refiriera. Poirot se acarició las puntas de su bigote antes de añadir:
-Y así fue cómo supe yo también quién había matado a Joyce Reynolds.
-Y resulta que, en fin de cuentas, la pobre Joyce no había sido testigo de ningún crimen...
-La señora Drake no sabía eso. Pero siempre había sospechado que alguien habíase encontrado en los jardines de Quarry House cuando entre ella y Michael Garfield dieran muerte a Olga Seminoff, alguien que podía haberlo presenciado todo.
-¿Cuándo descubrió que la testigo había sido Miranda y no Joyce?
-Tan pronto como el sentido común me obligó a aceptar el veredicto universal que proclamaba a Joyce una embustera. Miranda quedaba entonces como la criatura claramente indicada. Visitaba con frecuencia aquellos jardines porque le gustaba dedicarse a observar las costumbres de los pájaros, de las ardillas. Joyce era, según me dijo Miranda, su mejor amiga. Me explicó: «Nosotras nos lo contábamos todo.» Miranda no se encontraba en la reunión, así que Joyce, presumida y embustera, pudo utilizar la historia que su amiga le contara... Declaró, sin más, que había visto cometer un crimen... Y, probablemente, quiso impresionarla a usted, madame. Se hallaba ante una conocida autora de novelas policíacas.
-Está bien... Habré de cargar yo esta vez con la culpa de todo.
-No, no es eso, madame.
-Rowena Drake -musitó la señora Oliver-. ¿Le extrañará si le digo que todavía me cuesta muchísimo trabajo creerlo?
-Reunía todas las condiciones necesarias. Siempre me he preguntado cómo hubiera podido ser lady Macbeth en la realidad, de haber existido la posibilidad de conocerla en la vida.

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