Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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Decidió actuar lo antes posible.
-Pero hubo más. El pequeño Leopold pedía dinero. Pretendía adquirir ciertas cosas, declaró. ¿Qué sabía concretamente o adivinaba? Nadie podía imaginárselo. Ahora, se trataba del hermano de Joyce. Rowena y Michael, probablemente, le atribuyeron más conocimientos de los que en realidad poseía el chico... Por tal motivo... también él murió.
-Usted sospechó de Rowena Drake por lo del agua -manifestó la señora Oliver-. ¿Cómo fue el desconfiar de Michael Garfield?
-Encajaba muy bien su figura en la historia -respondió Poirot simplemente-. Además, la última vez que hablé con Michael, me sentí seguro. El hombre me dijo, riendo: «Vade retro, Satanás! Vayase con sus amigos, los policías.» Supe ya lo que debía pensar, con entera certeza. Había que ponerlo todo al revés. Me dije: «Te estoy dejando a mi espalda, Satanás.» Era un satanás bello, tal como Lucifer pudiera presentarse ante los mortales...
Había otra mujer en aquella habitación... Hasta aquel momento no había pronunciado una sola palabra. Ahora se agitó en su sillón.
-Lucifer -dijo-. Sí, ya comprendo. Siempre fue eso.
-Era una bella figura humana y se hallaba enamorado perdidamente de la belleza. Amaba la belleza que había creado con su cerebro, con su imaginación y sus manos. Quería sacrificarlo todo a ella. A su manera, yo me inclino a pensar que amaba a la pequeña Miranda. Pero estaba dispuesto a sacrificarla con objeto de salvarse. Planeó su muerte con todo cuidado... Hizo de aquello una especie de rito. La adoctrinó. Ella tendría que avisarle si salía de Woodleigh Common... Le dio instrucciones para que lograse localizarlo en el hostal en que usted y la señora Oliver comieron. La chica sería encontrada en Kilterbury Ring, junto a la señal del hacha doble, con una capa dorada al lado... Era un sacrificio de ritual.
-Un loco -comentó Judith Butler-. Se había vuelto loco.
-Madame: su hija está a salvo. Hay, sin embargo, algo que me agradaría mucho saber.
-Creo que usted, monsieur Poirot, puede hacerme las preguntas que quiera. Me sería imposible negarme a contestarlas.
-Miranda es su hija, ciertamente...¿Es hija ella también de Michael Garfield?
Judith guardó silencio unos instantes, respondiendo luego:
-Sí.
-Pero ella no lo sabe, ¿verdad?
-No. No tiene la más leve idea sobre el particular. Mi encuentro con él aquí fue una pura coincidencia. Lo conocí siendo muy joven. Me enamoré de él... Después, más adelante, empezó a inspirarme miedo

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