El caso de Charles Dexter Ward (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

Página 32 de 127

Por todo ello reitero que me dejaré guiar en todo momento por las instrucciones que tenga a bien darme su merced. Espero impaciente la llegada de su bergantín y pregunto todos los días en el muelle del señor Biddle.»

Una tercera carta, igualmente sospechosa, estaba escrita en idioma extranjero y con alfabeto desconocido. En el diario que luego hallara Charles Ward, Smith había reproducido torpemente una determinada combinación de caracteres que vio repetida en ella varias veces. Los especialistas de la Universidad de Brown determinaron que tales caracteres correspondían al alfabeto amhárico o abisinio, pero no lograron identificar la palabra en cuestión. Ninguna de las tres cartas llegó jamás a manos de Curwen, aunque el hecho de que Jedediah Orne desapareciera al poco tiempo de Salem, demuestra que los conjurados de Providence habían tomado ciertas medidas con toda discreción. La Sociedad Histórica de Pensilvania posee también una curiosa carta escrita por un tal doctor Shippen en que se menciona la llegada a Filadelfia por aquel entonces de un extraño personaje. Pero, mientras, algo más importante se tramaba. Los principales frutos de los descubrimientos de Weeden resultaron de las reuniones secretas de marineros y mercenarios juramentados que tenían lugar durante la noche en los almacenes de Brown. Lenta, pero seguramente, se iba elaborando un plan de campaña destinado a eliminar, sin dejar rastro, los siniestros misterios de Joseph Curwen.
A pesar de todas las precauciones adoptadas para que no reparara en la vigilancia de que era objeto, el siniestro personaje debió observar que algo anormal ocurría, ya que a partir de entonces pareció siempre muy preocupado. Su calesa era vista a todas horas en la ciudad y en la carretera de Pawtuxet, y poco a poco fue abandonando el aire de forzada amabilidad con que últimamente había tratado de combatir los prejuicios de la ciudad.
Los vecinos más próximos a su granja, los Fenner, vieron una noche un gran chorro de luz que brotaba de alguna abertura del techo de aquel edificio de piedra que tenía troneras en vez de ventanas, acontecimiento que comunicaron rápidamente a John Brown. Se había convertido éste en jefe del grupo decidido a terminar con Curwen, y con tal fin había informado a los Fenner de sus propósitos, lo cual consideró necesario debido a que los granjeros habían de ser testigos forzosamente del ataque final. Justificó el asalto diciendo que Curwen era un espía de los oficiales de aduanas de Newport, en contra de los cuales se alzaba en aquellos días todo fletador, comerciante o granjero de Providence, abierta o clandestinamente.

Página 32 de 127
 

Paginas:
Grupo de Paginas:         

Compartir:




Diccionario: