El caso de Charles Dexter Ward (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

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Si los vecinos de Curwen creyeron o no el embuste, es cosa que no se sabe con certeza, pero lo cierto es que se mostraron más que dispuestos a relacionar cualquier manifestación del mal con un hombre que tan extrañas costumbres demostraba. El señor Brown les había encargado que vigilaran la granja de Curwen y, en consecuencia, le informaban puntualmente de todo incidente que tuviera lugar en la propiedad en cuestión.


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La probabilidad de que Curwen estuviera en guardia y proyectara algo anormal, como sugería aquel chorro de luz, precipitó finalmente la acción tan cuidadosamente planeada por el grupo de ciudadanos. Según el diario de Smith, casi un centenar de hombres se reunieron a las diez de la noche del 12 de abril de 1771 en la gran sala de la Taberna Thurston, al otro lado del puente de Weybosset Point. Entre los cabecillas, además de John Brown, figuraban el doctor Bowen, con su maletín de instrumental quirúrgico; el presidente Manning sin su peluca (que se tenía por la mayor en las Colonias); el gobernador Hopkins, envuelto en su capa negra y acompañado de su hermano Eseh, al cual había iniciado en el último momento con el consentimiento de sus compañeros; John Carter; el capitán Mathewson y el capitán Whipple, encargado de dirigir la expedición. Los jefes conferenciaron aparte en una habitación trasera, después de lo cual el capitán Whipple se presentó en la sala y dio a los hombres allí reunidos las últimas instrucciones. Eleazar Smith se encontraba con los jefes de la expedición esperando la llegada de Ezra Weeden, que había sido encargado de no perder de vista a Curwen y de informar de la marcha de su calesa hacia la granja.
Alrededor de las diez y media se oyó el ruido de unas ruedas que pasaban sobre el Puente Grande y no hubo necesidad de esperar a Weeden para saber que Curwen había salido en dirección a la siniestra granja. Poco después, mientras la calesa se alejaba en dirección al puente de Muddy Dock, apareció Weeden. Los hombres se alinearon silenciosamente en la calle empuñando los fusiles de chispa, las escopetas y los arpones balleneros que llevaban consigo. Weeden y Smith formaban parte del grupo, y, de los ciudadanos deliberantes, se encontraban allí dispuestos al servicio activo el capitán Whipple, en calidad de jefe de la expedición, el capitán Eseh Hopkins, John Carter, el presidente Manning, el capitán Mathewson y el doctor Bowen, junto con Moses Brown, que había llegado a las once y estuvo ausente, por lo tanto, de la sesión preliminar en la taberna.

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