La Llamada de Cthulhu (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

Página 9 de 33




II.
El Relato del Inspector Legrasse.

Aquellos viejos asuntos que habían hecho que el sueño del escultor y su bajorrelieve resultaran tan trascendentes para mi tío constituían el tema principal de la segunda mitad de su largo manuscrito. Parece ser que el profesor Angell había visto ya en una ocasión, y estudiado sin obtener resultados, el diabólico perfil de aquella monstruosidad sin nombre representada sobre aquellos desconocidos jeroglíficos, y que también había escuchado las terribles sílabas que sólo pueden ser transliteradas como algo parecido a «Cthulhu». Aquella vinculación era tan horrible e inquietante que no resulta nada extraño que el profesor acuciase al joven Wilcox con sus preguntas y solicitudes de información.
Esta experiencia anterior tuvo lugar en 1908, hacía diecisiete años, cuando la Sociedad Americana de Arqueología celebraba su reunión anual en San Luis. El profesor Angell, como corresponde a alguien de su mérito y autoridad, había desempeñado un papel importante en las deliberaciones, y fue uno de los primeros en ser abordado por los diversos profanos que, aprovechando la celebración, acudieron para hacer preguntas y plantear problemas en la confianza de que serían correctamente contestadas y resueltos.
El cabecilla de aquellos profanos, que no tardó en ser el centro de atención de todos los congregados, era un hombre de mediana edad y aspecto corriente que había venido desde Nueva Orleans en busca de cierta información especial que le resultaba imposible obtener de ninguna de las fuentes locales. Su nombre era John Raymond Legrasse, inspector de policía de profesión. Trajo consigo el motivo de su visita, una grotesca, repulsiva, y aparentemente antiquísima estatua de piedra, cuyo origen era incapaz de determinar. No cabe pensar que el inspector Legrasse tuviera el menor interés por la arqueología ya que, por el contrario, su deseo de ser ilustrado al respecto estaba instado por motivos puramente profesionales. La estatuilla, ídolo, fetiche, o lo que quiera que aquello fuera, había sido requisada hacía unos meses en los bosques pantanosos al sur de Nueva Orleans, en el curso de una redada contra los asistentes a una supuesta celebración vudú; tan extraños y horribles eran los ritos practicados en la misma que la policía no pudo sino darse cuenta de que había dado con una oscura secta totalmente desconocida para ellos, e infinitamente más diabólica que el más siniestro de los círculos africanos de la religión vudú. Acerca de su origen no pudo descubrirse absolutamente nada, salvo por ciertas historias erráticas e increíbles que se logró sacar por la fuerza a algunos de los detenidos.

Página 9 de 33
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: