La Llamada de Cthulhu (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

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Tras un viaje de extrema tensión y agotamiento, los detenidos fueron interrogados en la jefatura de policía, resultando ser todos hombres de muy baja extracción social, de sangre mestiza y enajenados mentales. La mayoría eran marinos. Unos cuantos negros y mulatos, casi todos de las Indias Occidentales, o Portugueses de Brava, de las islas portuguesas de Cabo Verde, aportaban una nota de colorido vudú al heterogéneo culto. Pero bastante antes de que se hubieran realizado muchos interrogatorios, ya se habla puesto de manifiesto que en todo aquello había algo mucho más profundo y antiguo que el simple fetichismo negro. Degradados e ignorantes como eran, aquellas criaturas se aferraban con sorprendente firmeza a la idea central de su repugnante fe. Tal y como dijeron, adoraban a los Primigenios que existen desde mucho antes que los hombres, y que vinieron a este joven mundo desde los cielos. Los Primigenios abandonaron la superficie del planeta, desapareciendo en el interior de la tierra o bajo las aguas del mar; pero sus cuerpos sin vida le contaron en sueños sus secretos a los primeros hombres, que formaron un culto que jamás ha desaparecido. Este era tal culto, y los prisioneros afirmaban que siempre habla existido y que continuaría haciéndolo, oculto en lejanas tierras baldías y lugares lúgubres a lo largo y ancho del mundo hasta el momento en que el sumo sacerdote Cthulhu se alzase desde su lóbrega casa en la invulnerable ciudad de R´lyeh bajo las aguas, y volviese a poner la tierra bajo su dominio. Algún día les convocaría a todos, cuando las estrellas estuvieran en posición. El culto secreto esperaría por siempre hasta que esto sucediera y poder liberarlo.
Entretanto, nada más debía decirse. Había algún secreto que incluso la tortura sería incapaz de extraer. La humanidad no era la única vida consciente del planeta, ya que de las tinieblas salían figuras para visitar a los pocos feligreses. No se trataba de Primigenios, a los que ningún hombre había visto jamás. El ídolo esculpido era una representación del gran Cthulhu, pero nadie sabía decir si los demás Primigenios eran o no parecidos a él. Nadie era ya capaz de leer las antiguas inscripciones, pero los mensajes eran transmitidos de viva voz. El cántico ritual no era el ya mencionado secreto, ya que éste último nunca era pronunciado en voz alta, sino susurrado. El cántico sólo significaba esto: «En su morada de R´lyeh el difunto Cthulhu espera soñando.

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