Sordo, mudo y ciego (Howard Phillips Lovecraft y C. M. Eddy) Libros Clásicos

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Aunque lo intento, no puedo sacar de mi cabeza las leyendas relacionadas con esta vieja casa... simples necedades supersticiosas para deleite de cerebros resecos y en las que no gastaría mi pensamiento si Dobbs estuviera aquí.
En los años que he permanecido aislado del mundo que conocía, Dobbs ha sido mi sexto sentido. Ahora, por primera vez desde mi mutilación, comprendo todo el alcance de mi impotencia. Es Dobbs quien ha compensado mis ojos invidentes, mis oídos inútiles y mi garganta sin voz, así como mis piernas inválidas. Hay una jarra de agua en la mesa de la máquina de escribir. Sin Dobbs para rellenarla cuando se vacía, mis apuros serían los de Tántalo. Poco ha ocurrido en esta casa desde que vivimos aquí: poco tienen en común el parlanchín campesinado y un paralítico que no puede ver, oir o hablar con ellos; pueden pasar días antes de que nadie aparezca. Solo...con sólo mispensamientos para hacerme compañía; inquietantes pensamientos que no han sido precisamente apaciguados por las sensaciones de los últimos minutos. No me gustan esas sensaciones, tampoco, porque más y más se transforman desimples chismes de aldea en una imaginería fantástica que afecta mis emociones de la forma más peculiar y sin precedentes.
Parecen haber pasado horas desde que comencé a escribir esto, pero sé que no pueden ser más que unos pocos minutos, porque había justo insertado esta nueva página en la máquina. La acción mecánica de cambiar de hojas, simple como es, me ha dado un nuevo asidero de mí mismo. Quizás pueda sacudirme ese sentimiento de peligro que se acerca lo bastante como para registrar lo que acaba de suceder.
Al principio no era más que un simple temblor, algo similar al estremecimiento de un bloque de viviendas baratas cuando un pesado camión ruge pegada al bordillo... pero éste no es un edificio mal construido. Tal vez soy sensible a tales cosas, y puede ser que esté dando rienda suelta a mi imaginación, pero me parece que la perturbación es más intensa directamente frente a mí... y mi silla está cara al ala sureste, lejos de la carretera, ¡directamente en línea con el pantano en el fondo de la morada! Por engañoso que esto pudiera ser, no se puede negar lo que siguió. Estoy recordando los instantes en que he sentido temblar el suelo bajo mis pies bajo el estallido de proyectiles gigantes; tiempos en los que vi buques sacudidos como cascarones por la furia de un tifón.

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