Cinco Semanas en Globo (Julio Verne) Libros Clásicos

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Hay huracanes en los que la
velocidad del viento sobrepasa las doscientas cincuenta millas por hora.
-¿Se dan cuenta? -replicó el doctor-. Con una rapidez tal cruzaría África en doce horas;
me levantaría en Zanzíbar y me acostaría en San Luis.
-Pero -repuso el oficial- ¿acaso podría un globo ser arrastrado a una velocidad
semejante?
-Es cosa que se ha visto -respondió Fergusson.
-¿Y el globo resistió?
-Perfectamente. Fue en la época de la coronación de Napoleón, en 1804. El aeronauta
Garnerin lanzó en París, a las once de la noche, un globo, con la siguiente inscripción en
letras de oro: «París, 25 frimario año XIII, coronación del emperador Napoleón por S. S.
Pío VII.» A día siguiente, a las cinco de la mañana, los habitantes de Roma veían el
mismo globo balancearse sobre el Vaticano, recorrer la campiña romana y caer en el lago
de Braciano. Así pues, señores, un globo puede resistir tan considerable velocidad.
-Un globo, sí; pero un hombre... -balbució tímidamente Kennedy.
-¡Un hombre también! Porque no lo olviden, un globo siempre está inmóvil con
relación al aire que lo circunda; no es él el que avanza, sino la propia masa de aire. Si
encendemos una vela en la barquilla, la llama no oscilará siquiera. Un aeronauta que se
hubiese hallado en el globo de Garnerin, no habría sufrido ningún daño a causa de la
velocidad. Además, yo no trato de alcanzar una rapidez semejante, y si durante la noche
puedo enganchar el ancla en algún árbol o algún accidente del terreno, no dejaré de
hacerlo. Llevamos víveres para dos meses, y nada impedirá que nuestro hábil cazador nos
proporcione caza en abundancia cuando tomemos tierra.
-¡Ah! ¡Señor Kennedy! ¡Dará golpes maestros! -dijo un joven guardiamarina, mirando
al escocés con envidia.
-Sin contar -repuso otro- con que a su placer se asociará una gran gloria.
-Señores -respondió el cazador-, soy muy sensible ... a sus cumplidos..., pero no me
corresponde aceptarlos ...
-¡Cómo! -exclamaron todos-. ¿No partirá?.
-No partiré.
-¿No acompañará al doctor Fergusson?
-No sólo no le acompañaré, sino que mi presencia aquí no tiene más objeto que intentar
detenerle hasta el último momento.
Todas las miradas se dirigieron al doctor.
-No le hagan caso -respondió éste con calma-. Es un asunto que no se debe discutir con

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