Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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suelo primitivo que está sobre la capa de los terrenos primarios; después los terrenos
secundarios cuyos depósitos carboníferos ocupan la parte inferior; después los terrenos
terciarios y encima los terrenos de aluvión antiguos y modernos.
En esta época, las aguas, que no estaban retenidas por ningún cauce o lecho como
ahora, y que se formaban en todos los puntos del globo por la condensación continua, se
precipitaban arrancando a las rocas, apenas formadas, los elementos para constituir los
esquistos, los gres y las calcáreas; caían sobre los bosques de turba; depositaban los ele-
nientos de estos terrenos e iban a sobreponerse al terreno carbonífero. Con el tiempo -en
petiodos que se escriben por millones de años-; estos terrenos se endurecieron, se
distribuyeron en capas y encerraron bajo una espesa caparazon de pudingas, de esquistos.
de gres compactos o deleznables y de piedras, toda la masa de los bosques confundidos.
¿Y qué pasó entonces en ese crisol gigantesco en que se, acumulaba la materia vegetal
a diversas profundidades? Una verdadera operación quimica, una especie de destilación.
Todo el carbono que contentan estos vegetales se aglomeraba, y poco a poco se formaba
la hulla, bajo la doble influencia de una presion enorme y de la elevada temperatura que
producía el calor interior, tan próximo en aquella época.
Así, pues, en aquella lenta pero enérgica reacción, se transformaba un reino en otro. El
vegetal se hacía mineral. Todas aquellas plantas que habían vivido como vegetales, bajo
la activa savia de los primeros días, se petrificaban. Algunas de las sustancias encerradas
en este vasto herbario incompletamente formadas, dejaban su marca en los demás
productos, más rápidamente mineralizados, con una presion seme jante a la de una prensa
hidráulica de una potencia incalculable.
Al mismo tiempo las conchas, los zoófitos, tales como las estrellas de mar, los
políperos, las espiriferas, y hasta los peces y los lagartos, arras trados por las aguas
dejaban sobre la hulla, blanda todavía, su irtipre sión limpia, y como admirablemente
grabada .
La presión parece haber desempeñado un papel importante en la formación de los
depósitos carboníferos. En efecto, sólo a su menor o mayor influencia se deben las
diversas clases de hulla que emplea la industria. Así, en las capas más inferiores del
terreno carbonífero, aparece la antracita, que está casi desprovista de materia volátil, y

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