Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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El tercer millar de años-de la Era Cristiana,
verá antes de terminar que la mano del obrero ha vaciado ya en Europa esos almacenes en
los cuales según una imagen exacta se ha concentrado el calor solar de los primeros
días .
Pero precisamente en la época a que se refiere esta historia, una de las más importantes
minas de la cuenca escocesa había sido agotada por una explotación demasiado rápida.
En este terreno, que se extiende entre Edimburgo y Glasgow, y en una anchura media de
10 a 12 millas, era donde existía la mina de Aberfeyle, cuyo ingeniero Jacobo Starr, había
dirigido sus trabajos por espacio de tanto tiempo.
Pero hacía ya diez años que estas minas habían sido abandonadas. No se habían podido
descubrir nuevos depósitos, aunque se había sondeado hasta la profundidad de 1,500 y
aún de 2,000 pies; y cuando Jacobo Starr se había retirado, estaba seguro de que se había
explotado el más pequeño filón, hasta su último átomo.
Era, pues, más que evidente que en tales condiciones el descubrimiento de una nueva
cuenca carbonífera en las profundidades del subsuelo inglés, hubiera sido un suceso
importantísimo. ¿Se refería la noticia anunciada por Simon Ford a un hecho de esta
naturaleza? Esto era lo que se preguntaba Jacobo Starr, y lo que quería esperar.
En una palabra, ¿había un nuevo rincón de esas ricas Indias Negras,desde donde se le
llamaba para hacer una nueva conquista? Quería creerlo.
La segunda carta había trastornado un momento sus ideas en este punto; pero ahora no
hacía ya caso de ella.
Por otra parte, el hijo del viejo capataz estaba allí; esperándole en el sitio de la cita. La
carta anónima no tenía, pues, ningún valor.
En el momento en que el ingeniero, ponía el pie en tierra, el joven se adelantó hacia él.
-¿Eres Harry Ford? le preguntó vivamente Jacobo Starr-, sin mas preámbulos.
-Sí, señor Starr.
-¡No te hubiera conocido, buen mozo! ¡Ah! ¡Y es que en diez años te has hecho un
hombre!
-Yo os he conocido, respondió el joven minero, que tenía la gorra en la mano. Estáis
lo mismo, señor. ¡Vos fuisteis quien me abrazó el día que nos despedimos en la mina Do-
chart! Estas cosas no se olvidan nunca.
-Cúbrete, Harry, dijo , el ingeniero.

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