Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

Página 20 de 132

puede consumir el fuego...
-¿Queréis decir que los hombres hubiesen concluido por quemar todo el globo?
-Sí, entero, hijo mío, respondió el ingeniero. La tierra habria pasado hasta el último
átomo a los hornus de las locomotoras, de las locomóviles, de los buques de vapor, de las
máquinas de gas; ¡y así habría concluido nuestro mundo un día!
-¡Ya no hay ese temor, señor Starr! ¡Pero también las minas se acabarán, sin duda,
más rápidamente de lo que creen los estadísticos!
-Sí, sucederá, Harry, y en mi opinión Inglaterra hace mal en cambiar su combustible
por el oro de las demás naciones.
-En efecto, respondió Harry.
-Yo sé muy bien, contestó el ingeniero, que ni la hidráulica ni la electricidad han
dicho aún su últirna palabra, y que llegará un día en que estas fuerzas se utilicen más
completamente. Pero no importa. ¡La hulla es de un uso tan práctico, y se presta tan
fácilmiente a las necesidades variadas de la industria! ¡Desgraciadamente los hombres no
pueden producirla a voluntad! Si los bosques de la superficie de la tierra crecen
incesantemente por la influencia del calor y del agua, los bosques interiores no se
reproducen, y el globo no se encontrará ya nunca en las condiciones necesarias para
volverlos a crear.
Jacobo Starr y su guía, hablando siempre, seguían su marcha con paso rápido. Una hora
después de haber salido de Callander llegaban a la boca Dochart.
La persona más indiferente se hubiese impresionado ante el triste aspecto que
presentaba aquella industria abandonada. Era como el esqueleto de lo que había tenido
tanta vida.
En un extenso cuadro sembrado de algunos secos árboles, el suelo desaparecía aún bajo
el negro polvo del combustible mineral; pero no se veían ni escorias, ni residuos ni un
sólo fragmento de hulla; todo había sido recogido y consumido hacía mucho tiempo.
Sobre una colina poco elevada se destacaba el perfil de una enorme obra de madera
consumida lentamente por el sol y la lluvia. En la parte superior se descubría una gran
rueda, y más abajo se veían los grandes tornos en que se arrollaban los cables que subían
los cajones de combustible a la superficie del suelo.
En el piso inferior se descubría el salón arruinado de las máquinas, que en otro tiempo

Página 20 de 132
 

Paginas:
Grupo de Paginas:         

Compartir:




Diccionario: