Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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brillaban en las partes de su mecanismo, que eran de acero o de bronce; algunos trozos de
tabique yacían en tierra en medio de vigas rotas y enverdecidas por la humedad. Restos
de las palancas que movían las barras de las bombas de extracción; cojinetes rotos o
aplastados, ruedas desdentadas, aparatos basculares derribados, algunos escalones fijos en
los caballetes, que parecían colosales espinas de ictiosaurios, rieles unidos a alguna
traviesa rota, que sostenían aún dos o tres maderos vacilantes de los tranvías, que no
hubieran podido resistir el peso del más pequeño vagón vacío tal era el aspecto desolado
de la mina Dochart.
Las bocas de los pozos con las piedras desunidas desaparecían bajo el espeso musgo.
Aquí se veían restos de un, cajón, allá vestigios del sitio donde se almacenaba el carbón,
que se clasificaba según su calidad o su magnitud. En fin, restos de cubas de que pendía
un pedazo de cadena, fragmentos de caballetes gigantescos, planchas de alguna caldera
rota, pistones torcidos, grandes palancas que se inclinaban sobre el agujero del pozo de
las bombas, toldos que temblaban con el viento, paredes verdosas, techos agrietados que
cubrían chimeneas de ladrillos desunidos, y parecian esos cañones modernos cuya culata
está cubierta de anillos cilíndricos ... y de todo ésto resultaba una impresión, de
abandono, de miseria, de tristeza, que no tienen las ruinas de un antiguo castillo de pie-
dra, ni los restos de una fortaleza desmantelada.
-¡Esto es una desolación! dijo Jacobo Starr mirando al joven, que no respondió. .
Ambos penetraron entonces bajo la techumbre que cubría el orificio del pozo Yarow,
cuyas escalas daban a un acceso a las galerías inferíores de aquella boca.
El ingeniero se inclinó sobre el pozo; desde allí se oía en otro tiempo el soplo poderoso
del aire aspirado por los ventiladores. Ahora era un abismo silencioso. Parecía que se
asomaba al cráter de un volcán apagado.
Jacobo Starr y Harry pusieron el pie en el primer peldaño.
En la época de los trabajos había ingeniosos aparatos en algunos pozos de las minas de
Aberfoyle, que bajo este punto de vista estaban perfectamente explotadas:, cajones
provistos de paracaídas automáticos que se deslizaban suavemente; escalas oscilantes
llamadas "engine-men", que por un simple movimiento de oscilación permitían a los
mineros bajar sin peligro o subir sin cansancio.

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