Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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Sin duda eras tú.
––Yo, mismo, señor Starr; y al cambiar de oficio no he cambiado de humor. Ya lo veis.
¡Bah! Reír y cantar, creo que vale más que llorar y gemir.
-Sin duda, Jack Ryan. ¿Y qué haces desde que dejaste la mina?
Trabajo en la hacienda de Melrose, cerca de Invine, en el condado de Renfrew, a 40
millas de aquí. ¡Ah! Pero eso no vale lo que nuestra mina de Aberfoyie. ¡Mi mano
manejaba mejor el pico que la pala o la ahijada! Además. en la vieja mina había rincones
sonoros, ecos alegres, que volvían caprichosamente las canciones, mientras que allá
arriba... Pero, ¿vais a visitar a viejo Simon, señor Starr?
––Sí, Jack, respóndió el ingeniero. No quiero deteneros...
––Dime, Jack, le preguntó Harry, ¿qué te ha traído hoy a nuestra choza?
––Quería verte, camarada, respondió Jack Ryan, e invitarte a la fiesta del clan de Irvine.
Ya sabes que yo soy el Píper de la comarca; ¡cantaremos, bailaremos!
––Gracias, Jack, pero me es ímposible.
––¿Imposible?
––Sí; la visita del señor Starr puede prolongarse, y yo debo acompañarle a Callander. .
––¡Bah! Harry, la fiesta del clan de Irvine no es hasta dentro de ocho días. De aquí a
entonces habrá terminado la visita del señor Starr, según creo, y nada te detendrá en tu
choza.
––En efecto, Harry, respondió Jacobo Starr. Es necesario aprovechar la invitación que
te hace tu camarada Jack.
––Pues bien, acepta, dijo Harry. Dentro de ocho días nos encontraremos en la fiesta de
Irvine.
––Dentro de ocho días; convenido, respondió Jack Ryan. Adiós Harry. ¡Vuestro
servidor señor Starr! Estoy muy contento de haber vuelto a veros. Podré, dar notícias de
vos a los amigos. Nadie os ha olvidado, señor ingeniero.
––Yo tampoco he olvidado a nadie, dijo Jacobo Starr_
––Gracias, en nombre de todos, señor, respondió Jack Ryan.
––Adiós, Jack, dijo Harry, apretando por última vez la mano de su camarada.
Y Jack Ryan, volviendo a su carnción, desapareció en seguida en las alturas del pozo,
vagamente iluminada por la lámpara.
Un cuarto de hora después, Jacobo Starr y Harry bajaban la última escala y ponían el
pie en el suelo del último piso de la mina.
Alrededor de la rotonda, que formaba el fondo del pozo Yarow, radiaban diversas
galerías, que habían servido para la explotación del último filón carbonífero de la mina.

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