Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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capataz. Gracias a cierto bienestar debido a una larga existencia de trabajo, Simon Ford
hubiera podido vivir en pleno sol, en medio de los árboles, en cualquier pueblo del reino;
pero él y los suyos habían preferido no abandonar la mina, donde eran felices, teniendo
las mismas ideas y los mismos gustos. Sí, les agradadaba aquella choza sumergida a
1,500 pies bajo el suelo escocés. Entre otras ventajas, no tenían que temer que los agentes
del fisco, los stentmaters encargados de establecer la capitación, vinieron nunca a
expulsar a los huéspedes de la mina.
En aquella época, Simon Ford, el antiguo capataz de la boca Dochart, llevaba aún
vigorosamente sus sesenta y cinco años. Alto, robusto, bien formado, era uno de los más
naturales sawneys del cantón que da tan buenos mozos a los regimientos de
Highlanders.
Simon Ford descendía de una antigua familia de mineros; y su genealogía se remontaba
a los primeros tiempos en que fueron explotados los depósitos carboníferos de Escocia.
Sin investigar arqueológicamente si los griegos y los romanos hicieron uso de la hulla;
si los chinos utilizaron las minas de carbón mucho antes de la era cristiana; sin discutir si
realmente el cornbustible mineral debe su nombre al herrador Houillois, que vivía en Bél-
gica en el siglo XIX, puede afirmarse que las cuencas de la Gran Bretaña fueron las
primeras que se explotaron regularmente. Ya en el siglo XI, Guillermo el Conquistador
repartía entre sus compañeros de armas los productos de la cuenca de Newcastle. En el
siglo XIII se concedió por Enrique III una licencia para la explotación del carbón marino.
Por último, a fines del mismo siglo se hace ya mención de los depósitos de Escocia y del
país de Gales.
Por este tiempo fue cuando los antepasados de Simon Ford penetraron en las entrañas
del suelo de Caledonia, para no salir ya de ellas de padres a hijos. No eran mas que
simples obreros. Trabajaban como forzados en la extracción del combustible. Se cree que
en aquella época los mineros del carbón, así como los mineros de la sal, eran verdaderos
esclavos. En efecto, esta opinión estaba tan extendida en el siglo XVIII en Escocia, que
durante la guerra del Pretendiente hubo temores de que veinte mil mineros de Newcastle

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