Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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Echaba de menos la animación, el
movimiento, la vida de otro tiempo en aquella mina tan laboríosaniente, explotada: sin
embargo, le sostenía una idea fija.
-¡No, no, la mina no está agotada! decía siempre.
Y seguramente se habría conquistado sus antipatías el que en su presencia hubiese
puesto en duda, que algún día la. antigua Aberfoyle resucitaría de entre los muertos. No
había, pues abandonado nunca la esperanza de descubrir una nueva capa que devolviese
a la mina su esplendor pasado. Habría vuelto a coger con gusto el pico del minero, y sus
brazos, robustos aún, habrían atacado vigorosamente a la roca. Andaba siempre por las
oscuras galerías, solo, o acompañado de su hijo, buscando, observando, para volver a
entrar cada día más cansado y más dcsesperado en su choza.
La digna compañera de Simon Ford era Margarita, alta y fuerte, la good-wife (la buena
mujer) según la expresión escocesa, que lo mismo que su marido no quiso abandonar la
mina. Participaba de todas sus penas. Le animaba, le impulsaba, le hablaba con cierta gra-
vedad, que enardecía el corazón del viejo capataz.
-Aberfoyle no está más que dorrnida, le decía ella. Tú tienes razón. Esto no es más
que un reposo; ¡no es la muerte!
Margarita sabía también prescindir del mundo exterior y concentrar la felicidad en la
existencia de tres personas en aquella oscura choza.
A esta choza, pues, llegó Jacobo Starr.
El íngeniero era muy esperado. Simon Ford estaba de pie en la puerta, y apenas la
lámpara de Harry le anunció la llegada de su antiguo viewer, se adelantó hacia él.
-¡Sed, bienvenido, señor Starr! Le gritó con una voz que resonaba bajo la bóveda de
esquisto. ¡Sed bienvenido a la choza del pobre capataz! ¡La casa, de la familia For d no es
menos hospitalaria por que esté enterrada a mil quinientos pies bajo la tierra!
-¿Cómo , estáis, bravo Simon? preguntó Jacobo Starr, estrechando la mano que le
tendía su huésped.
-Muy bien, señor Starr. ¿Y cómo había de pasarlo mal aquí, al abrigo de toda la
intemperie? Vuestras señoras, que van a respirar los aires de Newhaven a Porto-bello
durante el verano, harían mejor en pasar algunos meses en Aberfoyle. No se expondrían a
coger algún fuerte catarro, como en las húmedas calles de nuestra capital.

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