Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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a verte.
-Ya lo sé, padre. Le hemos encontrado en el pozo Yarow.
-Es un buen camarada, muy alegre, dijo Simen Ford. ¡Pero parece que se divierte allá
arriba! No tenía verdadera sangre de minero en las venas. A la mesa señor Starr, y
almorcemos abundantemente, porque es posible que no podamos comer hasta muy tarde.
En el momento en que el ingeniero y los huéspedes iban a sentarse a la mesa, dijo
Jacobo Starr:
-Un instante, Simon. ¿Queréis que almuerce con buen apetito?
-Eso será honrarnos todo lo posible, señor Starr, respondió Simon Ford.
-Pues bien, es preciso para ello no estar preocupado. Y yo tengo dos preguntas que
haceros.
-Decid señor Starr.
-¿Vuestra carta me dice que me comunicaríais una cosa que me interesaría?
-Es muy interesante, en efecto.
-¿Para vos?
-Para vos y para mí, señor Starr. Pero no quiero decírosla sino después de la comida y
en el lugar mismo a que se refiere. Sin esta condición no me creríais.
-Simon, añadió el ingeniero,..miradme bien... aquí... a los ojos. ¿Una comunicación
interesante?. - -Sí... ¡Bueno! No os pregunto más, añadió, como si hubiese leído la
respuesta que esperaba en los ojos del capataz.
-¿Y la segunda pregunta? le dijo éste.
-¿Sabéis Simon, quién sea la persona que haya podido escribirme esto? respondió el
ingeniero, enseñándole la carta anónima que había recibido.
-Simon Ford la tomó, y la leyó atentamente.
Después, enseñándosela a su hijo:
-¿Conoces esta letra? le dijo.
-No, padre, contestó Harry.
-¿Y tiene el sello de la administración de correos de Aberfoyle? preguntó Simon al
ingeniero.
-Sí; como la vuestra; respondió Jacobo Starr.
-¿Qué piensas tú de esto, Harry?, dijo Simon Ford, cuya frente se nubló un instante.
-Pienso, padre, contestó Harry que hay alguien que ha tenido un interés cualquiera en
impedir al señor Jacobo Starr venir a la cita que le habíais dado.
-¡Pero qué! exclamó el viejo minero. ¿Quién ha podido penetrar tan adelante en el
secreto de mi pensamiento?....
Y Simon Ford cayó en una meditación de que le sacó la voz de Margarita.
-Sentémonos, señor Starr dijo. La sopa se va a enfriar. Por ahora no pensemos en esa
carta.
Y a la invitación de la buena mujer cada uno se sentó en su sitio. Jacobo Starr, enfrente
de Margarita para servirla, y el padre y el hijo, también uno enfrente de otro.

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