Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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tantas otras.
No hay para qué decir que la población de las minas debía suministrar su contingente
de leyendas y de fábulas a este repertorio mitológico. Si las montañas de la Alta Escocia
están pobladas de seres quiméricos, buenos o malos, con mayor razón deben las sombrías
minas estar llenas de ellos, hasta en sus últimas profundidades. ¿Quién hace temblar los
depósitos en las noches de tempestad? ¿Quién da la huella del filón, aún no explotado?
¿Quién enciende el hidrógeno carbonado y preside las terribles explosiones, sino algún
genio de la mina?
Ésta era a lo menos, la opinión comúnmente extendida entre esos supersticiosos
escoceses. En verdad la mayor parte de los mineros creían gustosos en lo fantástico,
cuando no se trataba, más que de fenúmenos puramente físicos; y se habría perdido el
tiempo en querer desengañarlos. ¿Dónde podría desarrollarse más libremente la
credulidad que en el fondo de estos abismos?
Y las minas de Aberfoyle, precisamente porque eran expleadas en el país de las
leyendas, debían presentarse más naturalmente a todos los incidentes de lo sobrenatural.
Así, pues, las leyendas abundaban allí. Es preciso decir también que ciertos fenómenos.
no explicados, hasta entonces, debían dar un nuevo alimento a la credulidad pública.
En el primer lugar, entre los supersticiosos de la mina Dochart, figuraba Jack Ryan, el
Camarada de Harry. Era el mayor partidario que se ha visto de lo sbrenatural.
Transformaba todas estas historias fantásticas en canciones, que le valían grandes elogios
en las veladas del invierno.
Pero Jack Ryan no era él único que hacía gala de su credulidad. Sus camaradas
afirmaban, con no menor publicidad, que las galerías de Aberfoyle estaban encantadas,
que ciertos seres incorpóreos vagaban y se aparecían en ellas, corno si fuese en las altas
tierras de Escocia. Y al oírlos se creería que lo extraordinario sería que esto no sucediese.
En efecto, ¿hay algo mas propio que una sombría y profunda mina para los caprichos de
los genios, de los duendes, de los espíritus y de los demás actores de los dramas
fantásticos? Su decoración estaba preparada, ¿por qué esos personajes sobrenaturales no
habían de ir a representar su papel?
Así razonaban Jack Ryan y sus camaradas de las minas Aberfoyle. Hemos dicho ya que
las diferentes bocas se comunicaban entre sí por largas galerías subterráneas entre los

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