Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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a la mina de Aberfoyle su antigua prosperidad. Si el padre sucumbió antes de encontrar
un éxito feliz, el hijo debería tomar la empresa por sí solo.
Al mismo tiempo estos dos guardianes apasionados de la ruina, la visitaban bajo el
punto de vista de su conservación. Se aseguraban de la solidez de sus pisos y de las bóve-
das. Estudiaban si había que temer un desprendimiento o si era urgente condenar algún
trozo. Examinaban las filtraciones de las aguas superiores, las derribaban y las cana-
lizaban, dirigiéndolas a un sumidero, En fin, se habían constituido voluntariamente en
protectores y conservadores de, aquel dominio improductivo, del cual había salido tanta
riqueza convertida después en humo.
En alguna de estas excursiones, Harry particularmente, se quedó admirado ante ciertos
fenómenos, cuya explicación buscaba en vano.
Varias veces, cuando seguía algunas estrechas contra galerías, le pareció oír ruidos
análogos a los que hubiesen podido producir los violentos golpes de un pico, sobre la
pared.
Harry, a quien no asustaba lo sobrenatural más que lo natural, había acelerado el paso
para sorprender la causa de este misterioso trabajo.
Pero el túnel estaba desierto. La lámpara del joven minero, llevada por toda la pared no
pemiitía descubrir ninguna huella reciente del pico, ni del azadón. Harry se preguntaba
entonces si era juguete de alguna ilusión acústica, o de,algún caprichoso o fantástico eco.
Otras veces, al proyectar súbitamente una luz fuerte hacia algún rincón sospechoso,
había creído ver pasar una sombra. Se había lanzado tras ella... ¡Nada! A pesar de que no
había ninguna salida que hubiese permitido a un ser humano huir de su persecución.
Por dos veces en un mes, Harry, visitando la parte occidental de la mina, había oído
claramente detonaciones lejanas, como si algun minero hubiese hecho estallar un car-
tucho de dinamita.
La última vez, después de minuciosas investigaciones, había reconocido que un pilar se
había desviado por una explosión subterránea.
Harry, examinó atentamente a la luz de su lámpara la pared atacada por la minadura.
No estaba formada de una simple nivelación de piedras, sino de un muro de esquisto, que
había penetrado hasta esta profundidad en el piso del depósito carbonífero. Aquel barreno
¿había tenido por objeto buscar un nuevo filón? ¿No se había querido producir más que
un desprendimiento de parte de aquella pared de la mina? Esto fue lo que se preguntó

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