La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de
toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y allí
puesto, me dijo:
"Lázaro, llega el oído a este toro, y oirás gran ruido
dentro dél."
Yo simplemente llegué, creyendo ser así; y como sintió que
tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome
una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres dias
me duro el dolor de la cornada, y dijome:
"Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber
más que el diablo".
Y rió mucho la burla.
Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en
que como niño dormido estaba. Dije entre mí:
"Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar,
pues solo soy, y pensar como me sepa valer."
Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos días me mostró
jerigonza, y como me viese de buen ingenio, holgábase mucho, y
decía:
"Yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir
muchos te mostraré."
Y fue así, que después de Dios, éste me dio la vida, y
siendo ciego me alumbró y adestró en la carrera de vivir.
Huelgo de contar a vuestra merced estas niñerías para
mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos,
y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.
Pues, tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas,
vuestra merced sepa que desde que Dios crió el mundo, ninguno
formó más astuto ni sagaz. En su oficio era un águila. Ciento y
tantas oraciones sabía de coro. Un tono bajo, reposado y muy
sonable que hacía resonar la iglesia donde rezaba, un rostro

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