La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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quitáis de la mano."
Tantas vueltas y tiento dio al jarro, que halló la fuente y
cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera
sentido.
Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como
solía, no pensando en el daño que me estaba aparejado ni que el
mal ciego me sentía, sentéme como solía, estando recibiendo
aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco
cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el
desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza
y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo
jarro, le dejo caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con
todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada desto
se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y
gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que
en él hay, me habia caído encima.
Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y
el jarrazo tan grande, que los pedazos de él me metieron por la
cara, rompiédomela por muchas partes, y me quebrólos dientes, sin
los cuales hasta hoy día me quedé. Desde aquella hora quise mal
al mal ciego, y aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi
que se había holgado del cruel castigo. Lavóme con vino las
roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y
sonriéndose decía:
"¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da
salud".
Y otros donaires que a mi gusto no lo eran.

Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales,

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