La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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"Tío, ¿qué es eso que decís?"
"Calla, sobrino, que algún día te dará este, que en la mano
tengo, alguna mala comida y cena."
"No le comeré yo -dije- y no me la dará."
"Yo te digo verdad; si no, verlo has, si vives."
Y así pasamos adelante hasta la puerta del mesón, adonde
pluguiere a Dios nunca allá llegáramos, según lo que me sucedia
en él.
Era, todo lo más que rezaba por mesoneras y por bodegoneras
y turroneras y rameras y así por semejantes mujercillas, que por
hombre casi nunca le vi decir oración.
Reíme entre mí, y aunque muchacho noté mucho la discreta
consideración del ciego.
Mas, por no ser prolijo dejo de contar muchas cosas, así
graciosas como de notar, que con este mi primer amo me
acaecieron, y quiero decir el despidiente y con él acabar.
Estábamos en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y
diome un pedazo de longaniza que la asase. Ya que la longaniza
había pringado y comídose las pringadas, sacó un maravedí de la
bolsa y mandó que fuese por él de vino a la taberna. Púsome el
demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir,
hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño,
larguillo y ruinoso, y tal que, por no ser para la olla, debió
ser echado allí.
Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como
me ví con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso
olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de
gozar, no mirando qué me podría suceder, pospuesto todo el temor
por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la

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