La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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camino estaba andado. Que con sólo apretar los dientes se me
quedaran en casa, y con ser de aquel malvado, por ventura lo
retuviera mejor mi estómago que retuvo la longaniza, y no
pareciendo ellas pudiera negar la demanda. Pluguiera a Dios que
lo hubiera hecho, que eso fuera así que así.
Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí estaban, y
con el vino que para beber le había traído, lavaronme la cara y
la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires,
diciendo:
"Por verdad, más vino me gasta este mozo en lavatorios al
cabo del año que yo bebo en dos. A lo menos, Lázaro, eres en mas
cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, mas
el vino mil te ha dado la vida."
Y luego contaba cuántas veces me había descalabrado y
harpado la cara, y con vino luego sanaba.
"Yo te digo -dijo- que si un hombre en el mundo ha de ser
bienaventurado con vino, que serás tú."
Y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque yo
renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso, y
después acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre, que sin
duda debía tener espíritu de profecía, y me pesa de los
sinsabores que le hice, aunque bien se lo pagué, considerando lo
que aquel día me dijo salirme tan verdadero como adelante V.M.
oirá.
Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí,
determiné de todo en todo dejarle, y como lo traía pensado y lo
tenía en voluntad, con este postrer juego que me hizo afirmélo
más. Y fue así, que luego otro día salimos por la villa a pedir

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