La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

Página 20 de 72

traía atada con un agujeta del paletoque. Y en viniendo el
bodigo de la iglesia, por su mano era luego allí lanzado, y
tornada a cerrar el arca. Y en toda la casa no había ninguna
cosa de comer, como suele estar en otras: algún tocino colgado
al humero, algún queso puesto en alguna tabla o en el armario,
algún canastillo con algunos pedazos de pan que de la mesa
sobran. Que me parece a mí que aunque dello no me aprovechara,
con la vista dello me consolara.
Solamente había una horca de cebollas, y tras la llave en
una cámara en lo alto de la casa. Déstas tenía yo de ración una
para cada cuatro días; y cuando le pedía la llave para ir por
ella, si alguno estaba presente, echaba mano al falsopecto y con
gran continencia la desataba y me la daba diciendo:
"Toma, y vuélvela luego, y no hagais sino golosinar"
Como si debajo della estuvieran todas las conservas de
Valencia, con no haber en la dicha cámara, como dije, maldita la
otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo. Las cuales él
tenía tan bien por cuenta, que, si por malos de mis pecados me
desmandara a más de mi tasa, me costara caro.
Finalmente, yo me finaba de hambre.
Pues, ya que conmigo tenia poca caridad, consigo usaba
más. Cinco blancas de carne era su ordinario para comer y cenar.
Verdad es que partía comigo del caldo. Que de la carne, ¡tan
blanco el ojo!, sino un poco de pan, y pluguiera a Dios que me
demediara.
Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, y
enviábame por una que costaba tres maravedís.

Página 20 de 72
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: