La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me
rindió, y consintió en su costado por mi remedio un buen agujero.
Esto hecho, abro muy paso la llagada arca y, al tiento, del pan
que hallé partido hice según de yuso está escrito. Y con aquello
algún tanto consolado, tornando a cerrar, me volví a mis pajas,
en las cuales reposé y dormí un poco.
Lo cual yo hacía mal, y echabalo al no comer. Y así sería,
porque cierto en aquel tiempo no me debían de quitar el sueño los
cuidados del rey de Francia.
Otro día fue por el señor mi amo visto el daño así del pan
como del agujero que yo había hecho, y comenzó a dar a los
diablos los ratones y decir:
"¿Qué diremos a eso? ¡Nunca haber sentido ratones en esta
casa sino agora!"
Y sin duda debía de decir verdad. Porque si casa había de haber
en el reino justamente de ellos privilegiada, aquélla de razón
habia de ser, porque no suelen morar donde no hay qué comer.
Torna a buscar clavos por la casa y por las paredes y tablillas y
a tapárselos. Venida la noche y su reposo, luego era yo puesto en
pie con mi aparejo, y cuantos él tapaba de día, destapaba yo de
noche.
En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin duda por
esto se debió decir: "Donde una puerta se cierra, otra se abre."
Finalmente, parecíamos tener a destajo la tela de Penélope, pues
cuanto él tejía de día, rompía yo de noche; Y en pocos días y
noches pusimos la pobre despensa de tal forma, que quien quisiera

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