La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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marras. Finalmente, ella parecía casa encantada. Estando así,
dijome:
"Tú, mozo, ¿has comido?"
"No, señor -dije yo-, que aún no eran dadas las ocho cuando
con vuestra merced encontré."
"Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, y cuando así
como algo, hágote saber que hasta la noche me estoy así. Por eso,
pásate como pudieres, que después cenaremos."
Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco
de caer de mi estado, no tanto de hambre como por conocer de todo
en todo la fortuna serme adversa. Allí se me representaron de
nuevo mis fatigas, y torné a llorar mis trabajos. Allí se me vino
a la memoria la consideracion que hacía cuando me pensaba ir del
clérigo, diciendo que aunque aquél era desventurado y mísero, por
ventura toparía con otro peor. Finalmente, allí lloré mi
trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera.
Y con todo, disimulando lo mejor que pude:
"Señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito
Dios. Deso me podré yo alabar entre todos mis iguales por de
mejor garganta, y así fui yo loado della hasta hoy dia de los
amos que yo he tenido."
"Virtud es ésa -dijo él- y por eso te querré yo más. Porque
el hartar es de los puercos y el comer regladamente es de los
hombres de bien."
"!Bien te he entendido! -dije yo entre mí- ¡Maldita tanta
medicina y bondad como aquestos mis amos que yo hallo hallan en
la hambre!"
Púseme a un cabo del portal y saqué unos pedazos de pan del
seno, que me habian quedado de los de por Dios. Él, que vio esto,
dijome:
"Ven acá, mozo. ¿Qué comes?"

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