La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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como la noche pasada.
Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos ocho o diez
días, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento y paso
contado a papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro
una cabeza de lobo.
Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que escapando de
los amos ruines que había tenido y buscando mejoría, viniese a
topar con quien no sólo no me mantuviese, mas a quien yo había de
mantener. Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía
mas. Y antes le había lastima que enemistad; y muchas veces, por
llevar a la posada con que él lo pasase, yo lo pasaba mal.
Porque una mañana, levantándose el triste en camisa, subió
a lo alto de la casa a hacer sus menesteres, y en tanto yo, por
salir de sospecha, desenvolvíle el jubón y las calzas que a la
cabecera dejó, y hallé una bolsilla de terciopelo raso hecho cien
dobleces y sin maldita la blanca ni señal que la húbiese tenido
mucho tiempo.
"Éste -decía yo- es pobre y nadie da lo que no tiene, mas
el avariento ciego y el malaventurado mezquino clérigo que, con
dárselo Dios a ambos, al uno de mano besada y al otro de lengua
suelta, me mataban de hambre, aquéllos es justo desamar y aquéste
de haber mancilla."
Dios es testigo que hoy día, cuando topo con alguno de su
hábito, con aquel paso y pompa, le he lástima, con pensar si
padece lo que aquél le vi sufrir; al cual con toda su pobreza
holgaría de servir mas que a los otros por lo que he dicho. Sólo

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