La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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No sé yo cómo o donde andaba y
qué comía. ¡Y verle venir a mediodía la calle abajo con estirado
cuerpo, más largo que galgo de buena casta!
Y por lo que toca a su negra que dicen honra, tomaba una
paja de las que aun asaz no había en casa, y salía a la puerta
escarbando los dientes que nada entre sí tenían, quejandose
todavía de aquel mal solar diciendo:
"Malo está de ver, que la desdicha desta vivienda lo hace.
Como ves, es lóbrega, triste, oscura. Mientras aquí estuviéremos,
hemos de padecer. Ya deseo que se acabe este mes por salir de
ella."
Pues, estando en esta afligida y hambrienta persecución un
día, no sé por cual dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo
entró un real. Con el cual él vino a casa tan ufano como si
tuviera el tesoro de Venecia; y con gesto muy alegre y risueno me
lo dio, diciendo:
"Toma, Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano. Ve a la
plaza y merca pan y vino y carne: ¡quebremos el ojo al diablo! Y
más, te hago saber, porque te huelgues, que he alquilado otra
casa, y en ésta desastrada no hemos de estar más de en
cumplimiento el mes. ¡Maldita sea ella y el que en ella puso la
primera teja, que con mal en ella entré! Por Nuestro Señor,
cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he
comido, ni he habido descanso ninguno; mas ¡tal vista tiene y tal
obscuridad y tristeza! Ve y ven presto, y comamos hoy como
condes."
Tomo mi real y jarro y a los pies dándoles priesa, comienzo

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