La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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a subir mi calle encaminando mis pasos para la plaza muy contento
y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituido en mi triste
fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y así fue éste.
Porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que
emplearía que fuese mejor y mas provechosamente gastado, dando
infinitas gracias a Dios que a mi amo había hecho con dinero, a
deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo
muchos clérigos y gente en unas andas traían.
Arriméme a la pared por darles lugar, y desque el cuerpo
pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del
difunto, cargada de luto, y con ella otras muchas mujeres; la
cual iba llorando a grandes voces y diciendo:
"Marido y señor mío, ¿adónde os me llevan? ¡A la casa
triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde
nunca comen ni beben!"
Yo que aquello oí, juntóseme el cielo con la tierra, y
dije:
"¡Oh desdichado de mí! Para mi casa llevan este muerto."
Dejo el camino que llevaba y hendí por medio de la gente, y
vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que pude para mi
casa. Y entrando en ella cierro a grande priesa, invocando el
auxilio y favor de mi amo, abrazándome de él, que me venga a
ayudar y a defender la entrada. El cual, algo alterado, pensando
que fuese otra cosa, me dijo:
"¿Qué es eso, mozo? ¿Qué voces das? ¿Qué has? ¿Por qué
cierras la puerta con tal furia?"
"¡Oh señor -dije yo- acuda aquí, que nos traen aca un
muerto!"

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