La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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vez que le topaba me decía: "Mantenga Dios a vuestra merced."
"Vos, don villano ruin -le dije yo- ¿por qué no sois bien criado?
¿Manténgaos Dios, me habéis de decir, como si fuese quienquiera?"
De allí adelante, de aquí acullá, me quitaba el bonete y hablaba
como debía."
"¿Y no es buena manera de saludar un hombre a otro -dije
yo- decirle que le mantenga Dios?"
"¡Mira mucho de enhoramala! -dijo él-. A los hombres de
poca arte dicen eso, mas a los más altos, como yo, no les han de
hablar menos de: "Beso las manos de vuestra merced", o por lo
menos: "Bésoos, señor, las manos", si el que me habla es
caballero. Y así, de aquel de mi tierra que me atestaba de
mantenimiento nunca más le quise sufrir, ni sufriría ni sufriré a
hombre del mundo, del rey abajo, que Mantengaos Dios me diga."
"Pecador de mí -dije yo-, por eso tiene tan poco cuidado de
mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue."
"Mayormente -dijo- que no soy tan pobre que no tengo en mi
tierra un solar de casas, que a estar ellas en pie y bien
labradas, diez y séis leguas de donde nací, en aquella costanilla
de Valladolid, valdrían más de doscientas veces mil maravedís,
según se podrían hacer grandes y buenas. Y tengo un palomar que,
a no estar derribado como está, daría cada año mas de doscientos
palominos. Y otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba
a mi honra. Y vine a esta ciudad, pensando que hallaría un buen
asiento, mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de
la iglesia, muchos hallo, mas es gente tan limitada que no los

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