Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

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Yo sospechaba que tal posibilidad, muy confortadora en teoría, debía ser terrible en la realidad. Traté de tranquilizarme, aparté el cabello que me caía sobre los ojos, levanté la cabeza y traté de sondear las tinieblas de la habitación.
En aquel instante, una extraña claridad se reflejó en la pared. ¿Será -me pregunté- un rayo de luna que se desliza entre las cortinas de las ventanas? Pero la luz de la luna no se mueve, y aquella luz cambiaba de lugar. Por un momento se reflejó en el techo y luego osciló sobre mi cabeza.
Ahora, a través del tiempo transcurrido, conjeturo que tal luz provendría de alguna linterna que, para orientarse en la oscuridad, llevase alguien que cruzaba el campo, pero entonces, predispuesta mi mente a todos los horrores, en tensión todos mis nervios, pensé que aquella claridad era quizá el preludio de una aparición del otro mundo. El corazón me latía apresuradamente, las sienes me ardían, mis oídos percibieron un extraño sonido, como el apresurado batir de unas alas invisibles, y me pareció que algo terrible y desconocido se me aproximaba. Me sentí sofocada, oprimida; no podía más... Corrí a la puerta y la golpeé con desesperación. Sonaron pasos en el corredor, la llave giró en la cerradura y entraron en la habitación Abbot y Bessie.
-¿Se ha puesto usted mala, señorita? -preguntó Bessie.
-¡Qué modo de gritar! ¡Creí que iba a dejarme sorda! -exclamó Miss Abbot.
-Sáquenme de aquí. Déjenme ir a mi cuarto -grité. -Pero ¿qué le ha pasado? ¿Ha visto alguna cosa rara? -preguntó Bessie.
-He visto una luz y me ha parecido que se me acercaba un fantasma -dije, cogiendo la mano de Bessie. -Ha gritado a propósito -opinó Abbot-. Si la hubiese ocurrido algo, podía disculparse ese modo de gritar, pero lo ha hecho para que viniéramos. Conozco sus mañas.
-¿Qué pasa? -preguntó otra voz.
Mi tía apareció en el pasillo, haciendo mucho ruido con las faldas sobre el pavimento. Se dirigió a Bessie y a Miss Abbot.
-Creo haber ordenado -dijo- que se dejase a Jane Eyre encerrada en el cuarto rojo hasta que yo viniese a buscarla.
-Es que Miss Jane dio un grito terrible, señora - repuso Bessie.
-No importa -contestó mi tía-. Suelta la mano de Bessie, niña. No te figures que por esos procedimientos lograrás que te saquemos de aquí. Odio las farsas, sobre todo en los niños.

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