Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

Página 27 de 352

Ella sí que es embustera y no yo.
La mano de mi tía continuaba inmóvil sobre la costura. Sus ojos me contemplaban fríamente.
-¿Tienes algo más que decir? -preguntó en un tono de voz más parecido al que se emplea para tratar con un adulto que al que es habitual para dirigirse a un niño.
La expresión de sus ojos y el acento de su voz excitaron más aún mi aversión hacia ella. Temblando de pies a cabeza, presa de una ira incontenible, continué:
-Me alegro de no tener que tratar más con usted. No volveré a llamarla tía en mi vida. Nunca vendré a verla cuando sea mayor, y si alguien me pregunta si la quiero, contestaré contándole lo mal que se ha portado conmigo y la crueldad con que me ha tratado.
-¿Cómo te atreves a decir eso?
-¿Qué cómo me atrevo? ¡Porque es verdad! Usted piensa que yo no siento ni padezco y que puedo vivir sin una pizca de cariño, poro no es así. Me acordaré hasta el día de mi muerte de la forma en que mandó que me encerrasen en el cuarto rojo, aunque yo le decía: «¡Tenga compasión, tía, perdóneme!», y lloraba y sufría infinitamente. Y me castigó usted porque su hijo me había pegado sin razón. Al que me pregunte le contaré esa historia tal como fue. La gente piensa que usted es buena, pero no es cierto. Es usted mala, tiene el corazón muy duro y es una mentirosa. ¡Usted sí que es mentirosa!
Al acabar de pronunciar estas frases, mi alma comenzó a expandirse, exultante, sintiendo una extraña impresión de independencia, de triunfo. Era como si unas ligaduras invisibles que me sujetaran se hubieran roto proporcionándome una inesperada libertad. Y había causa para ello. Mi tía parecía anonadada, la costura se había deslizado de sus rodillas, sus manos pendían inertes y su faz se contraía como si estuviese a punto de llorar.
-Estás equivocada, Jane. Pero ¿qué te pasa? ¿Cómo tiemblas así? ¿Quieres un poco de agua?
-No, no quiero.
-¿Deseas algo? Te aseguro que no te quiero mal. -No es verdad. Ha dicho usted a Mr. Brocklehurst que yo tenía mal carácter, que era mentirosa. Pero yo diré a todos en Lowood cómo es usted y lo que me ha hecho.
-Tú no entiendes de estas cosas, Jane. A los niños hay que corregirles sus defectos.
-¡Yo no tengo el defecto de mentir! -grité violentamente.

Página 27 de 352
 

Paginas:
Grupo de Paginas:                   

Compartir:




Diccionario: