Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

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Allí estuve largo rato pensando en que no era más que una pobre niña desgraciada y preguntándome incesantemente:
«¿Qué haré, qué haré?»
Oí de pronto una voz que me llamaba: -¡Miss Jane! Venga a almorzar.
Era Bessie y yo lo sabía bien, pero no me moví. Sentí avanzar sus pasos por el sendero.
-¡Qué traviesa es usted! -dijo-. ¿Por qué no acude cuando la llaman?
La presencia de Bessie, por contraste con mis amargos pensamientos, me pareció agradable. Después de mi victoria sobre mi tía, el enojo de la niñera no me preocupaba mucho. Ceñí, pues, su cintura con mis brazos y dije:
-Bessie, no seas regañona.
Aquel impulso había sido más espontáneo y cariñoso que los acostumbrados en mí, y le agradó.
-¡Qué niña tan rara es usted! -me dijo, mirándome-. ¿Sabe que van a llevarla al colegio?
Asentí.
-¿Y no le apena separarse de su pobre Bessie? -¿Qué importo yo a Bessie? Bessie se pasa la vida regañándome...
-Porque es usted muy arisca, muy huraña, muy tímida... Debía ser más decidida.
-¿Para qué? ¿Para recibir más golpes?
-¡Qué tontería! Pero es verdad, de todos modos, que estará usted mejor fuera de aquí. Mi madre me dijo, cuando vino a verme la semana pasada, que no le gustaría estar en el lugar de usted. En fin... Voy a darle buenas noticias.
-No lo creo.
-¿Cómo que no? ¿Por qué me mira así? Pues sí: la señora y los- señoritos han salido a tomar el té fuera de casa, y usted y yo lo tomaremos juntas. Voy a cocer para usted un bollito en el horno, y luego me ayudará a preparar su equipaje. La señora quiere enviarla al colegio de aquí a uno o dos días, y tiene usted que recoger lo que piense llevarse.
-Bessie, prométeme no reñirme durante el tiempo que pase en casa.
-Bueno, pero usted acuérdese de ser una niña muy buena y de no tener miedo de mí. No se sobresalte cuando yo empiece a hablarla: es una cosa que me ataca los nervios.
-No volveré a temerte, Bessie. Además, pronto habré de temer a otras personas...
-Si usted hace ver que les teme, esas personas se disgustarán con usted.
-Como tú, Bessie.
-No; como yo, no. Yo soy la persona que más la quiere de todos.
-¡Pero no lo demuestras!
-¿Cómo habla de esa manera? ¡Es usted muy atrevida!
-Lo soy porque me voy a marchar pronto de aquí y porque.

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