Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

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Por eso manda en las demás.
-¿Llevas mucho tiempo aquí? -Dos años.
-¿Eres huérfana? -No tengo madre. -¿Eres feliz aquí?
-¡Cuántas preguntas! Yo creo que ya te he dado bastantes contestaciones por ahora. Déjame leer.
Pero en aquel momento tocaron a comer y todas entramos en la casa. El aroma que ahora llegaba del refectorio no era mucho más apetitoso que el del desayuno. La comida estaba servida en dos grandes recipientes de hojalata y de ellos se exhalaba un fuerte olor a manteca rancia. Aquel rancho se componía de patatas insípidas y de trozos de carne pasada, cocido todo a la vez. A cada alumna se le sirvió una ración relativamente abundante. Yo comí lo que me fue posible, y me consternó pensar en que la comida de todos los días pudiera ser siempre igual.
Inmediatamente después de comer volvimos al salón de estudios y las lecciones se reanudaron y prosiguieron hasta las cinco de la tarde.
El único incidente digno de mención consistió en que la muchacha con quien yo charlaba en la galería fue castigada por Miss Scartched, mientras daba clase de historia, a salir al centro del salón y permanecer allí en pie.
El castigo me pareció muy afrentoso, particularmente para una muchacha de trece años o más, como representaba tener. Creí que daría muestras de nerviosidad o vergüenza, pero con gran asombro mío, ni siquiera se ruborizó. Permaneció impertérrita y seria en medio del salón, sirviendo de blanco a todas las miradas.
«¿Cómo podrá estar tan serena? -pensaba yo-. Si me hallase en su lugar, creo que desearía que la tierra se abriese y me tragase. Sin embargo, ella mira como si no pensara en que está castigada, como si no pensase siquiera en lo demás que la rodea. He oído decir que hay quien sueña despierto. ¿Será que está soñando despierta? Tiene la mirada fija en el suelo, pero estoy segura de que no lo ve. Parece que mirara dentro de sí. A lo mejor está recordando cosas de antes y no se da cuenta de lo que le pasa ahora... ¡Qué niña tan rara! No se puede saber si es mala o buena.»
Poco después de las cinco hicimos otra comida, consistente en una taza de café y media rebanada de pan moreno. Comí el pan y bebí el café con deleite, pero hubiera tomado mucho más de ambas cosas. Seguía hambrienta.
Luego tuvimos otra media hora de recreo.

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