Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

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Yo podía corresponder a los beneficios de los que salvaron mi vida. Eran dependientes: yo podía independizarles; estaban separados: podía reunirlos. Lo que era mío, debía ser de ellos también. Puesto que éramos cuatro, las veinte mil libras debían ser repartidas. Con cinco mil cada uno, todos teníamos la vida de sobra asegurada, todos seríamos felices y se cumpliría un acto de justicia. Ahora la riqueza no era ya un peso para mí. Implicaba, al contrario, vida, felicidad, esperanza...
No sé cómo miraría a Rivers mientras pensaba en estas cosas; sólo sé que me ofreció una silla y me aconsejó que me serenase.
-Escriba mañana a Diana y a Mary y dígales que vuelvan a casa. Si se consideraban ricas con mil libras, hay que creer que con cinco mil cada una se considerarán dichosas -exclamé.
-Dígame dónde puedo encontrar un vaso de agua para usted, porque necesita calmarse -repuso John. -¡Nada de eso! Y dígame: ¿qué hará usted? ¿Se quedará en Inglaterra, pedirá la mano de Rosamond y hará una vida corriente, como...?
-Desvaría usted. Le he comunicado las noticias tan bruscamente, que no me extraña...
-Me hace perder la paciencia. Estoy en mi plena razón. Es usted quien no entiende o no quiere entender. -Quizá la comprendiese si se explicara mejor. -¿Qué falta hacen explicaciones? Puesto que son veinte mil libras, deben dividirse a partes iguales entre los cuatro sobrinos de nuestro tío. Escriba a Mary y a Diana diciéndoles la fortuna que han heredado... -Que ha heredado usted.
-Ya le he dicho lo que pienso y no cambiaré. No soy una egoísta ni una desagradecida. Además, quiero tener una casa y una familia. Me gusta Moor House y viviré en Moor House, y quiero a Diana y a Mary y viviré con ellas. Poseer cinco mil libras me agrada y me conviene. Poseer veinte mil, me abrumaría. Y no serían mías en justicia, aunque lo fueran según la ley. Les cedo lo que es superfluo para mí. No rehúse ni me lo discuta. Póngase de acuerdo conmigo sobre ello ahora mismo.
-Habla usted siguiendo el primer impulso. Tómese días para pensarlo, antes de comprometer su palabra. -Aunque dude de mi sinceridad, ¿no comprende que lo que digo es justo?
-Es justo hasta cierto punto, pero no es lo que se acostumbra a hacer. Tiene usted derecho a toda la fortuna. Mi tío la ganó con su trabajo y podía legarla a quien quisiera.

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