Julio César (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Pero de ésos no hay que hacer caso. Si César hubiese apuñalado a sus madres no habrían dicho menos.
BRUTO. - ¿Y fue entonces cuando se marchó así, tan abatido?
CASCA. - Sí.
CASIO - ¿Dijo algo Cicerón?
CASCA. - Sí, habló en griego.
CASIO. - ¿Con qué fin?
CASCA. - Pues que no os mire más a la cara si puedo -decirlo, pero los que leentendieron se sonreían, moviendo la cabeza. En cuanto a mí, aquello estaba en griego. Puedo daros además otras noticias: Marulo y Flavio han sido reducidos al silencio por haber despojado de sus adornos las estatuas de César. ¡Adiós! ¡Más tonterías podría contaros si las recordara!
CASIO. - ¿Queréis cenar conmigo esta noche, Casca?
CASCA. - No, he prometido hacerlo fuera.
CASIO. - ¿Comeríais conmigo mañana?
CASCA. - Sí, si estoy vivo, si no cambiáis de opinión y si vuestra comida vale la penade ser comida. CASIO. - Bueno, os esperaré. CASCA. - Hacedlo así. ¡Adiós uno y otro! (Sale CASCA.) BRUTO. - ¡Qué carácter rnás áspero se ha vuelto! Era de fino temple cuando iba a la
escuela.
CASIO. - Y lo sigue siendo, a pesar de esa apariencia tosca, si se trata de ejecutar cualquier empresa noble o arriesgada. Su rudeza es el condimento de su buen criterio, que hace que el estómago de las gentes digiera sus palabras con mejor apetito.
BRUTO. - Así es, en efecto. Os dejo por ahora. Si queréis hablar conmigo mañana, iré a vuestra casa, o, sí preferís venir a la mía, os aguardaré.
CASIO. - Iré a veros. Hasta entonces, reflexionad en lo que nos rodea. (Sale BRUTO.) ¡Bien, Bruto, eres noble! No obstante, veo que, dispuesto como está, tu honrado metal puede forjarse. He aquí la conveniencia de que las almas nobles asocien siempre a sus iguales. Porque ¿quién hay tan firme que no pueda ser seducido? Cesarme soporta con dificultad, pero ama a Bruto. Si yo fuera ahora Bruto, y Bruto fuera Casio, él no ejercería influjo en mí. Esta noche arrojaré´ a sus ventanas escritos de distintas procedencias, que parezcan provenir de vanos ciudadanos. Todos expresarán la alta opinión que Roma tiene de su nombre. En ellos se aludirá embozadamente a la ambición de César. Y después, que piense César en afirmarse bien, porque le echaremos abajo o sufriremos días peores. (Sale,,)

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