Julio César (William Shakespeare) Libros Clásicos

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PORCIA. - ¡Si así fuera, conocería entonces ese secreto! Que no soy más que una mujer, lo admito, pero una mujer que Bruto eligió por esposa. Acepto que no soy más que una mujer, pero una mujer bien reputada, ¡la hija de Catón! ¿Pensáis que no soy superior a mi sexo teniendo tal padre y tal esposo? Confiadme vuestros proyectos, no los divulgaré. Papa daros una prueba de mi firme constancia, me herí voluntariamente aquí, en el muslo. ¿Puedo llevar esto con paciencia y no los secretos de mi esposo?
BRUTO. -¡Oh dioses! ¡Hacedme digno de tan noble esposa! (Llaman dentro.) ¡Escuchemos! ¡Escuchemos! Alguien llama. Porcia, retírate un instante y pronto compartirá tu pecho los secretos de mi corazón. ¡Te explicaré todos mis compromisos y la tristeza que puedes leer en mi frente! ¡Déjame aprisa! (Sale PORCIA.) ¿Quién llama, Lucio? (Vuelve a entrar Lucio con LIGARIO.)
Lucio. - Aquí hay un hombre enfermo que quiere hablaros. BRUTO. - Cayo Ligario, de quien habló Metelo. Retírate, muchacho. ¡Cayo Ligario! ¿Qué hay? LIGARIO. - Aceptad el saludo matinal de una lengua débil.
BRUTO. - ¡Oh, qué tiempo habéis escogido, bravo Cayo, para llevar pañuelo! ¡No quisiera veros enfermo!
LIGARIO. -¡No lo estoy si Bruto se propone realizar alguna proeza digna de gloria!
BRUTO. - Tengo entre manos un asunto de tal género, Ligario, que os comunicaría si tuvierais salud para oírlo.
LIGARIO. - ¡Por los dioses todos que veneran de rodillas los romanos, aquí depongo mi dolencia! ¡Alma de Roma! ¡Hijo valeroso, descendiente de antepasados ilustres! ¡Tú, como un exorcista has conjurado mi amortecido espíritu! ¡Mándame ahora y emprenderé lo imposible, más: lo superaré! ¿Qué hay que hacer? BRUTO. - ¡Una labor que devolverá la salud a los hombres enfermos!
LIGARIO. - Pero ¿no hay ningún sano a quien de-bamos hacer enfermar?
BRUTO. - ¡También habremos de hacer eso! Lo que sea, querido Cayo, te lo explicaré conforme vamos hacia aquel en quien deba realizarse. v
LIGARIO. -¡Adelante, y, con el corazón recién , enardecido, os seguiré para llevar a cabo lo que ignoro, pero me basta con que Bruto me guíe! BRUTO. - ¡Seguidme, entonces! (Salen.)
SCENA SECUNDA
El mismo lugar. - Palacio de César
Truenos y relámpagos. Entra CÉSAR en traje de. Noche
CÉSAR. - ¡Ni los cielos ni la tierra han estado en paz esta noche! Tres veces ha gritado en sueños Calpurnia: "¡Socorro! ¡Ah! ¡Asesinan a César!" ¿Quién anda ahí dentro? (Entra un CRIADO.

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