Julio César (William Shakespeare) Libros Clásicos

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CINA. - ¡Libertad! ¡Independencia! ¡La tiranía ha muerto! ¡Corred, proclamadlo, pregonadlo por las calle! CASIO.-Que suban, algunos de los tribunos populares y griten: "¡Libertad, independencia y emancipación!" BRUTO. - ¡Pueblo y senadores, no os asustéis! ¡No huyáis! ¡Permaneced quietos! ¡La ambición ha pagado su deuda!
CASCA. - ¡Ocupad la tribuna, Bruto!
DECIO. - Y Casio también.
BRUTO. - ¿Dónde está Publio?
CINA. - ¡Aquí, completamente azorado con este tumulto!
METELO. - ¡Aprestémonos juntos a la defensa, no sea que algún amigo de César intentara...!
BRUTO. - ¡Nada de aprestarse a la defensa! ¡Ánimo tranquilo, Publio! ¡Ningún peligro amenaza a vuestra persona ni a la de ningún otro romano! ¡Decidlo así, Publio!
CASIO. - ¡Y dejadnos, Publio, ya que el pueblo, precipitándose sobre nosotros, podría causar daño a vuestra ancianidad!
BRUTO. - Sí, hacedlo, y que nadie responda de las consecuencias de esta acción sino nosotros, sus autores. (Vuelve a entrar TREBONIO.)
CASIO. -¿Dónde está Antonio?
TREBONIO. - ¡Ha huido atemorizado a su casa! ¡Hombres, mujeres y niños se miran con terror, corriendo y gritando como si fuera el día del juicio´.
BRUTO. - ¡Dadnos a conocer vuestra voluntad, destinos! ¡Sabemos que hemos de morir! ¡Sólo el instante y los días que restan es lo que importa al hombre!
CASIO. - ¡Bah! Quien merma veinte años de su vida, ésos suprime de estar temiendo a la muerte.
BRUTO. - ¡Convenid en eso, y la muerte resulta entonces un beneficio! De este modo, somos amigos de César, pues hemos abreviado su tiempo de temor a la muerte. ¡Inclinémonos, romanos, inclinémonos y bañemos nuestras manos hasta el codo en la sangre de César, y de ella salpiquemos nuestras espaldas! Salgamos después hasta la calle
pública y, blandiendo sobre nuestras cabezas las enrojecidas armas, clamemos todos: "¡Paz, independencia y libertad!"
CASIO. - ¡Inclinémonos, pues, y lavémonos en su sangre! ¡Cuántos siglos verán representar esta sublime escena en naciones que están por nacer y en lenguas aún desconocidas!
BRUTO. - ¡Cuántas veces se verá sangrar a César sobre el teatro! ¡Y ahora yace a los pies de Pompeyo, no más preciado que el polvo! CASIO. - ]Y cuantas veces suceda, otras tantas se dirá de nosotros que fuimos hombres que dieron la libertad a su patria!
DECIO. - ¿Qué? ¿Salimos?
CASIO. - ¡Sí, en marcha todos! ¡Bruto nos guiará, y nosotros le daremos por séquito los mejores y más valerosos corazones de Roma! (Entra un CRIADO.

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