Julio César (William Shakespeare) Libros Clásicos

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BRUTO. - ¿Añaden algo más?´
MESALA. - Que, por proscripciones y decretos ilegales, Octavio, Antonio y Lapido han condenado a muerte a un centenar de senadores.
BRUTO. - No concuerdan nuestras cartas en ese punto. Las mías hablan sólo de setenta senadores muertos por sus proscripciones, siendo Cicerón uno.
CASIO. -¡Cicerón uno!
MESALA. -Cicerón ha muerto, y en virtud de esa orden de proscripción. ¿Habéis recibido cartas de vuestra esposa, señor? ,
BRUTO. - No, Mesala.
MESALA. -; ¿Ni hay ninguna cosa de ella escrita en esas cartas?
BRUTO. - Ninguna, Mesala.
MESALA. - Me parece extraño.
BRUTO. - ¿Por qué lo preguntáis? ¿Os hablan algo de ella en las vuestras?
MÉSALA. - No, señor.
BRUTO. - ¡Vamos, como romano que sois, decidme la verdad. !
MESALA. - Pues, como romano, soportadla; porque ciertamente, ha muerto, y de extraña manera.
BRUTO. - ¡Adiós, pues, Porcia! ¡Tenemos que morir, Mesala; y meditando en, que ella debía finar un día, hallo resignación para sufrir esto ahora!
MESALA. - ¡Así es como deben conllevar los grandes hombres sus grandes infortunios! CASIO. - En teoría tengo mucho de eso, como vos; pero mi naturaleza de ningún modo podría soportarlo
BRUTO. -Bueno, a lo que concierne a los vivos. Qué opináis de marchar inmediatamente a Filipos?
CASIO. - No lo creo conveniente.
BRUTO. - ¿Por qué razón?
CASIO. - Por ésta: es preferible que el enemigo nos busque. Así consumirá sus recursos y cansará a sus soldados, haciéndose la ofensa a sí propio; en tanto nosotros, permaneciendo inmóviles, estamos descansados, fuertes para la defensa, y ágiles.
BRUTO. -Los buenos argumentos deben ceder, necesariamente, ante los mejores. Los pueblos enclavados entre Filipos y esta región se mantienen en una adhesión forzada, pues de mal grado nos dieron los impuestos. El enemigo, marchando por entre ellos, engrosará con ellos sus filas y vendrá refrescado, aumentado y brioso. Pero le quitaremos esta ventaja si le hacemos frente en Filipos, dejando a nuestra espalda estos pueblos.
CASIO. - Escuchadme, querido hermano.
BRUTO. - Perdonadme. Debéis tener presente además que nuestros amigos nos dieron ya lo último, , nuestras legiones están completas y nuestra causa en sazón. El enemigo crece cada día. Nosotros, en la cúspide, estamos expuestos al reflujo. Existe una marea en los asuntos humanos, que, tomada en pleamar, conduce a la fortuna; pero, omitida, todo el viaje de la vida va circuido de escollos y desgracias.

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