Julio César (William Shakespeare) Libros Clásicos

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BRUTO. -¿Quedan todavía dos romanos como éstos? ¡Adiós, tú, el último de los romanos! ¡Es imposible que Roma produzca otro igual! Amigos, debo a este muerto más lágrimas de las que me veríais verter. ¡Ya hallaré ocasión, Casio, ya hallaré ocasión! ¡Venid, pues, y transportad su cadáver a Tasos! Sus exequias no deben hacerse en nuestro campamento; nos desalentarían, Lucilio; venid, y vos también, joven Catón, y volvamos al campo. ¡Labeo y Flavio, avanzad con nuestros batallones! ¡Son las tres, y antes de la noche probaremos fortuna en un segundo combate, romanos! (Salen.)
SCENA QUARTA
Otra parte del campo
Fragor de combate. Entran peleando soldados de los
dos ejércitos; después, BRUTO, CATÓN el joven, LUCILIO y otros
BRUTO. - ¡Todavía, compatriotas! ¡Oh! ¡Erguid todavía vuestras cabezas!
CATÓN. -¿Qué bastardo no lo hará? ¿Quién quiere seguirme? ¡Proclamaré mi nombre por el campo ¡Yo soy el hijo de Marco Catón, ¡eh!, el azote de tiranos y amigo de la patria! ¡Soy el hijo de Marco Catón! ¡Eh!
BRUTO. - ¡Y yo Bruto; Marco Bruto, yo! ¡Bruto, el amigo de mi patria! ¡Reconoced a Bruto! (Sale cargando sobre el enemigo. CATÓN es vencido y cae.)
LUCILIO. - ¡Oh joven y noble Catón! ¿Has sucumbido? Pues bien: mueres ahora tan valerosamente como Titinio y se te puede honrar como hijo de Catón.
SOLDADO PRIMERO. - ¡Ríndete, o mueres!

LUCILIO. - ¡Sólo a la muerte me rindo yo! Aquí tienes dinero suficiente para que puedas matarme sobre el campo. (Ofreciéndole dinero.) ¡Mata a Bruto y hónrate con su muerte!
SOLDADO PRIMERO. - ¡No lo mataremos! ¡Es un noble prisionero!
SOLDADO SEGUNDO. - ¡Plaza, eh! ¡Decid a Antonio que hemos cogido a Bruto!
SOLDADO PRIMERO. - ¡Daré la noticia! ¡Aquí viene el general! (Entra ANTONIO.) ¡Bruto ha sido hecho prisionero, señor; Bruto ha sido hecho prisionero! ANTONIO. - ¿Dónde está? LUCILIO. - ¡En seguro, Antonio! ¡Bruto está bastante seguro! ¡Me atrevo a
asegurarte que ningún enemigo prenderá al noble Bruto mientras viva! ¡Los dioses le defiendan de tan gran oprobio! ¡Dondequiera que le halléis, vivo o muerto, hallaréis en él al Bruto de siempre, al mismo!
ANTONIO. - Éste no es Bruto, amigos, pero os garantizo que es una presa no menos valiosa. Velad por la seguridad de este hombre. Prodigadle toda clase de atenciones. Prefiero tener a tales hombres por amigos que por enemigos.

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