Mucho ruido y pocas nueces (William Shakespeare) Libros Clásicos

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GUARDIA PRIMERO.-¡En nombre del príncipe, daos presos!
GUARDIA SEGUNDO.-Avisad al señor alguacil mayor. Hemos descubierto aquí
la más peligrosa obra de libertinaje que se ha cometido jamás en el Estado.
GUARDIA PRIMERO.-Y anda en ello un tal Deforme. Le conozco; lleva un rizo...
CONRADO.-¡Señores, señores!
GUARDIA SEGUNDO.-Ya daréis noticias de ese Deforme, os aseguro.
CONRADO.-Pero señores...
GUARDIA PRIMERO.-Ni una palabra. Os intimidamos a que os dejéis obedecer

y nos sigáis.
BORACHIO.-¡Es posible que resultemos una excelente mercancía, habiendo
sido adquiridos por los chuzos de hombres como éstos!

CONRADO.-Una mercancía empapelada, os lo aseguro. Vamos, os
obedeceremos. (Salen.)
Escena IV

Aposento en la casa de Leonato.
Entran HERO, MARGARITA y ÚRSULA.
HERO.-Buena Úrsula, despierta a mi prima Beatriz y suplícala que se levante.
ÚRSULA.-Voy, señora.
HERO.-Y dile que venga aquí.
ÚRSULA.-Está bien. (Sale.)
MARGARITA.-En verdad, creo que os sentaría mejor el otro rebato.

HERO.-No, buena Marga, por favor, quiero llevar éste.
MARGARITA.-Por mi fe que no es tan bonito, y estoy segura de que vuestra
prima será del mismo parecer.

HERO.-Mi prima es una loca y tú eres otra. No llevaré sino éste.

MARGARITA.-Hallaría precioso este nuevo añadido, si el cabello fuera un poco más oscuro. En cuanto al vestido, a fe que está confeccionado a la última moda. He visto el de la duquesa de Milán, que tanto ensalzan.
HERO.-¡Oh! Dicen que excede a toda ponderación.
MARGARITA.-Por mi fe, es una bata de noche al lado del vuestro: tela de brocado, acuchillada, con pasamano de plata, guarnecida de perlas, con manga al costado y manga perdida; la falda, orlada con brocadillo azulado; pero en cuanto al corte fino, singular, gracioso y elegante, el vuestro es diez veces preferible.
HERO.-¡Dios me dé alegría para lucirlo! Porque mi corazón está sumamente apesadumbrado.
MARGARITA.-Pronto lo estará más con el peso de un hombre.
HERO.-¡Vergüenza de ti! ¿No sientes rubor?
MARGARITA.-¿De qué, señora? ¿De hablar de cosas honradas? ¿El casamiento no es honrado incluso entre pordioseros? ¿No es honrado vuestro prometido aun sin casarse? Pienso que he debido decir: «Con el mayor respeto, un esposo». A no ser que un mal pensamiento interprete torcidamente mis palabras, a nadie he ofendido. ¿Hay algún pecado en «con el peso de un esposo»? Creo que no cuando se trata del esposo legítimo y de la legítima esposa.

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