Mucho ruido y pocas nueces (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 42 de 57

Nada confieso ni niego nada. Estoy desolada por mi prima.
BENEDICTO.-Por mi espada, Beatriz, que me amas.
BEATRIZ.-No juréis por vuestra espada, y tra- gadla.

BENEDICTO.-Quiero jurar por ella que me amáis, y hacérsela tragar a quien diga que no os amo.
BEATRIZ.-¿No queréis tragar vuestra palabra?
BENEDICTO.-No, cualquiera que fuese la salsa con que pudiera
condimentarse. Protesto que te amo.

BEATRIZ.-Pues entonces, ¡Dios me perdone!...
BENEDICTO.-¿Qué ofensa, amada Beatriz?
BEATRIZ.-Me habéis interrumpido a punto. Iba a protestar a mi vez que os amo.
BENEDICTO.-Hazlo con todo tu corazón.
BEATRIZ.-Os amo tan de corazón, que no me queda parte alguna para

protestar.
BENEDICTO.-Vamos, ordéname que haga algo por ti.
BEATRIZ.-¡Matad a Claudio!
BENEDICTO.-¡Ah! ¡Ni por el mundo entero!
BEATRIZ.-Me matáis con negármelo. Adiós.
BENEDICTO.-Deteneos, querida Beatriz.
BEATRIZ.-Me he ido, aunque esté aquí. No hay amor en vos, no; por favor,

dejadme.
BENEDICTO.-¡Beatriz!...
BEATRIZ.-A fe, que quiero irme.
BENEDICTO.-Quedemos antes amigos.
BEATRIZ.-Tenéis menos miedo de ser mi amigo que de combatir con mi

enemigo.
BENEDICTO.-¿Es Claudio tu enemigo?
BEATRIZ.-¿No está probado que es el más vil de los miserables por haber

calumniado, despreciado y deshonrado a mi prima? ¡Oh, si yo fuera hombre! ¡Cómo! Engañarla hasta el punto de darse las manos ante el altar, y acto seguido, con acusación pública, con desembozada calumnia, con rencor despiadado... ¡Dios mío! ¡Si yo fuera hombre! ¡Me comería su corazón en medio de la plaza!
BENEDICTO.-¡Óyeme, Beatriz!...
BEATRIZ.-¡Que habló en su ventana con un hombre! ¡Lindo cuento!
BENEDICTO.-Pero ¡Beatriz!...
BEATRIZ.-¡Amada Hero! ¡Difamada! ¡Calumniada! ¡Perdida!
BENEDICTO.-¡Beat!...
BEATRIZ.-¡Príncipes y condes! ¡Verdaderamente, el testimonio es principesco! ¡Valiente conde en confitura! ¡Famoso galán, a fe! ¡Oh, si yo fuera hombre para defenderla, o tuviera sólo un amigo que fuera hombre para vengarla por mi amor! Pero la hombría se ha convertido en ceremonia, el valor en cumplidos, y los hombres no tienen más que lengua, y lengua meliflua a mayor abundamiento. Hoy se es tan valiente como Hércules con sólo decir una mentira y sostenerla con juramentos. ¡No puedo ser hombre, a pesar de mi deseo, y por lo tanto, moriré de pena como una mujer!
BENEDICTO.-¡Detente, amada Beatriz! ¡Por esta mano, que te adoro!
BEATRIZ.-¡Empleadla, por mi amor, en otra cosa que en jurar por ella!

Página 42 de 57
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: