A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 3 de 57

ADAM.-¿Y es mi recompensa que me llaméis "pe­rro viejo"? Mucha verdad es que he perdido los dientes en vuestro servicio. ¡Bendiga Dios a mi an­tiguo amo! ¡Jamás habría dicho él semejante pala­bra!. OLIVERIO.-¿ Con que a esto hemos llegado? ¿Principiáis a imponerme? Yo os curaré de vuestra Petulancia y no por eso daré tampoco las mil coro­nas. ¡Hola! ¡Dionisio! (Entra Dionisio.) DIONISIO.-¿ Llama vuestra merced? OLIVERIO.-¿ No había venido Carlos, el luchador del duque, a hablar conmigo? DIONISIO.- Si os place, está a la puerta y solicita llegar hasta vos. OLIVERIO.- Hazle entrar. (Sale Dionisio.) Será buen medio y la lucha es mañana. (Entra Carlos).
CARLOS.- Buenos días a vuestra señoría.
OLIVERIO.- Mi buen monsieur Carlos, ¿qué noti­cias en la Corte? CARLOS.- No hay en la Corte, señor, más noticias que las antiguas, esto es, que el antiguo duque está desterrado por su hermano menor el nuevo duque; y tres o cuatro lores, por amor a él, se han impuesto un destierro voluntario para acompañarle; y como sus tierras y sus rentas enriquecen al nuevo duque, éste les concede de buena gana permiso para que peregrinen. OLIVERIO -¿Podéis decir si Rosalinda, la hija del duque, es desterrada con su padre? CARLOS -¡Oh, no! porque su prima, la hija del du­que, que se ha criado junto con ella desde la cuna, la ama tanto, que la habría seguido al destierro o ha­bría muerto si hubiera quedado separada de ella. Está en la Corte tan amada del duque como su pro-pia hija, y jamás dos señoras se amaron tanto. OLIVERIO. -¿Dónde vivirá el antiguo duque? CARLOS. - Dicen que se encuentra ya en el bosque de Ardenas y buen número de hombres alegres con él, y que allí viven sin temor a rey ni Roque, como el antiguo Robin Hood de Inglaterra. Dicen que mu­chos caballeros jóvenes acuden a él de día en día y dejan correr alegremente el tiempo como allá en la edad de oro. OLIVERIO -¿Y vais a luchar mañana en presencia del nuevo duque? CARLOS. - Sí, señor. Y vine a haceros saber un asunto. Se me ha dado a comprender embozada­mente que vuestro hermano menor Orlando está algo dispuesto a venir disfrazado para probar contra mí sus fuerzas. Mañana, señor, lucharé por mi re­putación, y el adversario mío que no saque un miembro roto, quedará bien librado. Vuestro her-mano es joven y delicado, y, por el afecto que os tengo, se me haría penoso el causarle daño, como tendría que hacerlo por honor mío, si se presentara.

Página 3 de 57
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: