A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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lo mejor; y vienen aquí, donde os halláis, para eje
cutarlo
CELIA. -Bíen. Sepamos el principio, que ya est
muerto y sepultado
LE BEAU. -Ahí viene un anciano con sus tres hijos
CELIA. -Yo podría referir un cuento añejo qu
principia de ese modo
LE BEAU. -Tres jóvenes apuestos, de excelente vi
gor y presencia
ROSALINDA. -Con carteles en el pescuezo: "Sepa
cuantos las presentes vieren ...
LE BEAU. -El hermano mayor luchó con Carlos, e
luchador del duque, y en un momento fue aquél de
rribado y sacó tres costillas rotas, con lo cual poca
esperanzas le quedan de vida. Y otro tanto hizo co

el segundo y con el tercero. Allí yacen, y el pobre anciano su padre se lamenta de tan lastimosa mane-ra que cuantos le ven simpatizan sollozando con él. ROSALINDA. -¡Ay, desdichado! PIEDRA. -Pero, señor, ¿cuál es la diversión que han perdido las señoras? LE BEAU. -Pues es claro; la que acabo de decir. PIEDRA. -De este modo, los hombres podrán cre­cer en sensatez de día en día. Es la primera vez que oigo decir que romper costillas es una diversión propia de señoras. CELIA. -Como que sí; te lo aseguro. ROSALINDA. -¿Pero hay alguien más que tenga comezón porque le apliquen ese solfeo en los cos­tados? ¿Hay algún otro tan apasionado al rom-pe-costillas? ¿Veremos esta lucha, prima? LE BEAU. -Tendréis que verla si os quedáis; por­que, he ahí el sitio destinado para la lucha, y ya están prontos los que deben tomar parte en ella CELIA. -Allí vienen, por cierto. Quedémonos y veámosla. (Preludio. Entran el duque Federico, Lores, Or­lando, Carlos y séquito)..
DUQUE.- Venid. Pues. el mancebo no da oído a súplicas, que su audacia responda de su peligro. ROSALINDA---¿ES aquél el antagonista?
LE BEAU. -El mismo, señora. CELIA. -¡Ay, qué joven es! Sin embargo, parece como si hubiera de vencer. DUQUE. -¿Qué es esto, hija y sobrina? ¿Os habéis escurrido hasta aquí para ver la lucha? ROSALINDA. -Sí, mi señor, si os place darnos permiso. DUQUE. -Poca diversión tendréis en ella, os lo aseguro, siendo tan desiguales los luchadores. Por compasión a la temprana edad del joven, intentaría disuadirle, pero no quiere oír consejo. Habladle, ni­ñas; ved si podéis influir sobre él. CELIA. -Hacedle venir, monsieur Le Beau. DUQUE. -Hacedlo. Yo me apartaré. (El duque se va a un lado.)
LE BEAU.- Señor desafiador: las princesas quieren hablaros.

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