A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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ORLANDO. -Estoy a sus órdenes con todo respeto y humildad. ROSALINDA. -Mancebo, ¿habéis desafiado a Carlos el luchador? ORLANDO. -No, hermosa princesa. Es él quien hace un reto general. Yo no vengo sino como uno de tantos, para probar en él la fuerza de mi juven­tud.
CELIA. -Vuestro valor ¡oh joven! sobrepuja con exceso a vuestros años. Crueles pruebas habéis visto del vigor de ese hombre. Si pudierais veros con nuestros ojos, o juzgaros con nuestro discerni­miento, el recelo de vuestra aventura os aconsejaría una empresa más proporcionada. Os rogamos, por vuestro bien, que penséis en vuestra seguridad y abandonéis esta tentativa. ROSALINDA. -Hacedlo, buen joven; que no por ello será rebajada vuestra reputación. Solicitaremos del duque que haga suspender la lucha. ORLANDO. -Os suplico que no me impongáis el castigo de pensar mal de mí, aunque me reconozco culpable de negar cosa alguna a tan bellas y emi­nentes señoras. Pero acompáñenme en la lucha vuestras hermosas miradas y benévolos deseos; que si he de ser vencido, no tendrá que avergonzarse sino uno que jamás fue favorecido; y si recibo la muerte, sólo sucumbirá uno que ya sobrado la desea. Ni causaré pesadumbre a mis amigos, desde que no tengo uno para deplorarme; ni mal alguno al mundo, en el cual nada poseo; y el lugar que en él ocupo, será ocupado mejor cuando yo lo deje vacío. ROSALINDA. -Quisiera añadir a vuestra fuerza la muy poca que hay en mí.
CELIA. -Y yo la mía para aumentarla suya
ROSALINDA.- Adiós. Ruego al cielo estar equivo
cada en cuanto a vos
CELIA. -¡Ojalá se cumplan vuestros deseos
CARLOS.- ¡Ea! ¿Dónde está ese valeroso joven qu
tanto afán tiene por yacer en su madre tierra
ORLANDO. -Presto, señor; pero sus deseos so
más modestos
DUQUE. - Sólo probaréis una suerte
CARLOS. - Aseguro a vuestra Alteza, que no tendr
ocasión de rogarle para la segunda, después de ha
ber intentado con tanto empeño disuadirle de l
primera
ORLANDO. -Pensáis burlaros de mí después. N
deberíais burlaros antes. Pero probad como gustéis
ROSALINDA. -Que Hércules os asista, ¡oh joven
CELIA. -Quisiera ser invisible para atrapar por un
pierna a aquel hombrazo. (Carlos y Orlando Luchan.
ROSALINDA. -¡Oh extraordinario joven
CELIA. -Si pudiera lanzar de mis ojos un rayo, ya s
quién había de caer. (Carlos es derribado.-Aclamación.
DUQUE.- Basta, basta
ORLANDO. -Suplico a vuestra Alteza que nos dej
continuar. Aún no estoy bastante alentado.

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