A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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cree que adonde quiera que hayan ido, seguramente ese joven las acompaña. DUQUE FEDERICO.- Enviad adonde su herma­no, y traed aquí a ese valiente. Si se ha ausentado, traedme a su hermano. Yo haré que lo encuentre. Haced esto al instante, y no haya tregua en la inves­tigación y diligencia para hacer regresar a esas locas fugitivas. (Salen.)
ESCENA III
Delante de casa de Oliverio
(Entran ORLANDO y ADAM que se encuentran)
ORLANDO.- ¿Quién está ahí
ADAM.- ¡Cómo! ¿mi joven señor? ¡Oh mi buen
amado señor! ¡Oh vos, memoria viva de sir Row

land! ¡Cómo! ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué sois vir­tuoso? ¿Por qué os aman las gentes? ¿Y por que sois gentil, fuerte y valeroso? ¿Por qué tomaríais tan a deseo el vencer al membrudo luchador del capri­choso duque? Demasiado aprisa ha llegado aquí antes que vos vuestra alabanza. ¿No sabéis señor, que para cierta clase de hombres sus buenas pren­das les sirven sólo de enemigos?. Así os sirven las vuestras. Vuestras virtudes, mi gentil señor, son pa­ra vos santificados traidores. ¡Oh! ¡qué mundo éste en el cual la nobleza de un alma atrae el veneno al que la posee! ORLANDO.- ¿Pero qué acontece? ADAM.- ¡Oh desdichado joven! No paséis por es­tas puertas. Bajo este techo vive el enemigo de todas vuestras virtudes. Vuestro hermano. (no, no herma­no, y sin embargo es hijo-pero no, no es hijo-no quiero llamarlo hijo-de aquel a quien iba a llamar su padre) ha oído vuestras alabanzas, y se propone in­cendiar esta noche el alojamiento en que acostum­bráis dormir, cuando estéis en él. Si no lo consigue así, echará mano de otros medios para deshacerse de vos. Pude oír lo que él y los suyos decían. Este no es un hogar: esta casa no es más que un matade­ro. ¡Abominadla, temedla, no entréis en ella!
ORLANDO.- ¡Pues qué! ¿Querríais entonces que fuese, Adam? ADAM.- No importa a dónde, con tal de que no vengáis aquí. ORLANDO.- ¡Pues qué! ¿Querríais verme ir a mendigar mi alimento? ¿O con una espada vil y tur­bulenta arrancar por fuerza en el camino público una subsistencia furtiva? Tendría que hacer esto, o no sabría qué hacer. Y esto no lo haré jamás, suceda lo que quiera. Antes me someteré a la malignidad de una sangre degenerada, y de un sanguinario herma­no. ADAM.- Pero no hagáis tal. Tengo quinientas coro­nas, el salario economizado bajo vuestro padre, que atesoré para que me alimentara cuando mis miem­bros envejecidos no pudieran ya hacer el servicio y estuviera mi vejez abandonada en un rincón.

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