A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Decir sí y no a todos esos detalles, sería más que responder al Catecismo. ROSALINDA.- Pero ¿sabe él que estoy en este bosque y en traje de hombre? ¿Parece tan lozano como el día de la lucha? CELIA.- Satisfacer las preguntas de los amantes, es tan fácil como contar los átomos. Consuélate con saber que le he encontrado, y saborea esta buena observación. Lo hallé en tierra al pie de un árbol, como una bellota caída. ROSALINDA.- Árbol que deja caer tal fruto no puede ser sino el árbol de Jove. CELIA.- Concededme audiencia, mi buena señora. ROSALINDA.- Continúa.
CELIA.- Estaba acostado cuan largo es, como u
caballero herido
ROSALINDA.- Aunque es lástima ver semejant
cuadro, debía venir bien a la decoración
CELIA.- Ataja tu lengua, por Dios. Se pone a salta
fuera de tiempo. Vestía de cazador
ROSALINDA.- ¡Siniestro presagio! Viene a traspa
sar mi corazón
CELIA.- Quisiera entonar la canción sin tropiezo
pero me haces desafinar
ROSALINDA.- ¿No sabes que soy mujer? Cuand
pienso, tengo que hablar. Sigue, querida mía, sigue

(Entran Orlando y. Jaques.)
CELIA.- Me sacáis de mis casillas. ¡Calla! ¿no es é
quien viene
ROSALINDA.- Él es. Escóndete y obsérvalo. (Celi
y Rosalinda se retiran.

JAQUES.- Gracias por vuestra compañía; pero e
verdad me habría sido lo mismo estar solo
ORLANDO.- Lo mismo que a mí. Sin embargo
por cumplir con la moda, os doy también las gracia
por vuestra sociedad
JAQUES.- Id con Dios. Procuremos encontrarno
lo menos posible

OPLANDO.- Prefiero que seamos enteramente ex­traños cada uno para el otro. JAQUES.-Y os ruego que no echéis a perder los ár­boles escribiendo canciones amorosas en su corte­za. ORLANDO.- Y, os ruego que no echéis a perder mis versos leyéndolos con tan poca gracia. JAQUES.- ¿Es Rosalinda el nombre de vuestra amada? ORLANDO.- Precisamente. JAQUES.- No me gusta su nombre. ORLANDO- Sin duda no la bautizaron así para daros gusto. JAQUES.- ¿Qué estatura tiene? ORLANDO.- La que llega hasta mí corazón. JAQUES.- Siempre tenéis bonitas respuestas. ¿No habéis tenido amistad con esposas de joyeros, y ha­béis aprendido esas respuestas en las inscripciones de las sortijas? ORLANDO.- Nada de eso. Os respondo como las telas pintadas, en las cuales habéis estudiado las preguntas. JAQUES.- Tenéis el genio muy vivo Parece que le hubieran sacado de los pies de Atalante. ¿Queréis que nos sentemos juntos? Echaremos Pestes contra
nuestras amadas, el mundo y todas nuestras desdi-

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